jueves, 17 de febrero de 2011

Wi Fi (Without Internet For Iú)




Hay un temita que me tiene podrido, el de los bares con WI FI.

En casa estoy sin internet, hace tiempo; no consigo una que me guste y pretendo contratar sólo ese servicio, no un pack-combo súper ventajoso lleno de líneas de teléfono fijas y cable de TV para ver esas barbaridades que hace años pasan por la tele y que yo decidí no ver más. Y sigo esperando encontrar la mejor. Y no uso tanto internet. Escribo mucho y cuando tengo que postear algo lo hago desde mi oficina, donde sí utilizo internet paga. O me voy a un bar, aunque esto último rara vez lo hice. Hasta ahora, en donde sufrí 5 episodios seguidos muy desagradables y, sobre todo, muy indignantes; a describir:

Lunes 31 de Enero. 14:30 horas. Acceso Norte. Buenos Aires. Shell de General Paz.

Me estaba por ir de vacaciones y tuve que viajar por trabajo a Capital Federal, tenía que asegurarme de que una persona haya leído un mail que le envié con anterioridad a mi viaje, y debía corroborar esto antes de volver a Rosario, así que a la vuelta y antes de tomar la ruta de regreso, paré a cargar combustible y me senté en el minimercado de la citada estación de servicio pidiendo previamente una gaseosa para chequear el correo. La muchacha que me atendió me dijo que me siente, que ya me traía el pedido, y abrí mi notebook y me dispuse a esperar que la compu reconozca el servicio de WI FI del lugar. Y lo encontró, pero tenía clave. La moza vino y le consulté: ¿Cómo es la clave para ingresar a internet? – y me dijo: “Shell Gral Paz” o algo así. Y probé y no conectaba. Y me tenía que ir. Llamé a la moza y le expliqué que no se conectaba y me respondió: “Ah, entonces no sé”. Pagué la Levité sabor naranja que había consumido por la mitad y me fui. No pude chequear el mail y gasté $8 en una bebida que no necesitaba tomar. Y perdí 20 minutos de mi valioso tiempo.

Viernes 4 de Febrero 16:00 horas. Bar “Equis” (por esta vez, guardaré el nombre) – Rosario

Necesito corroborar si recibí otro mail importante que no puede esperar hasta mañana, ya que me voy de vacaciones muy temprano. Voy a dicho bar. Pido una bebida cola y la clave. La moza me la dice. Ingreso en internet. El mail no llegó. Trato de hacer tiempo posteando una película en el blog de cine ya que tengo una hora. Cuando estoy cargando la foto se corta y tengo que volver a ingresar todos los datos del filme: Título, año / Copete / Autor / Crítica / Nombre mío / Foto / Redimensionar. Ups! ¡Se cortó otra vez!: Título, año / Copete / Autor / Crítica / Nombre mío / Foto / Redimensionar. Ups! ¡Otra vez más! Y así cuatro veces. Me molesta lo que está sucediendo pero debo revisar de cuando en vez el correo y el mail que necesito recibir no llega así que tengo paciencia. Le pregunto a la moza en el único momento que vuelve a pasar por mi lado cuál puede ser el problema y me dice: “Qué, ¿no anda?, ah, entonces no sé Finalmente logro postear el filme y el mail que debo recibir no llega, pero no me preocupo, tengo toda la tarde por delante y debo hacer más trámites en Librería “Zeta”.

Viernes 4 de Febrero – 17:30 horas – Librería Zeta (otra que por esta vez se salva) – Rosario

Me siento en el café de la librería y prendo la computadora. La moza me dice la clave y yo le pido un agua mineral, única bebida que no me coloca en situación desesperante de fumar. Ingreso en internet pero tengo conectividad limitada o nula. La moza me trae el agua y le digo qué no me puedo conectar, a lo que responde: “Ah, entonces no sé
Tengo que hacer más trámites dentro de la librería, así que me quedo insistiendo, pero internet no recibo.

Viernes 4 de Febrero – 21:30 horas – mismo Bar “Equis” que el anterior – Rosario.

Un poco desesperado por no haber podido chequear los mails en toda la tarde, esa última tarde antes de salir de vacaciones, la tarde en que mis hijas se quedaron en casa para estar conmigo ya que luego no las vería por 15 días y me la pasé chequeando de bar en bar ese mail que llegó tipo 19:30 cuando ya había agotado todas las chances de leerlo antes que caiga la noche y ya no pueda hacerlo, esa tarde en que necesitaba imprimir ese mail que debía recibir para poder corregir sobre papel durante mis vacaciones para luego reunirme a avanzar en ese tema, decidí volver al Bar “Equis”, pedirme otra bebida cola y bajar el archivo en PDF que me enviaron para poder imprimirlo. Por lo que dejé solas a mis hijas en casa y me fui al bar. Me senté. Prendí la computadora y vino el mozo, un muchacho macanudo y muy atento, a preguntarme qué quería tomar. Yo le respondí que quería una bebida cola. Y se fue a traérmela. La notebook reconoció el router del bar y se conectó. Me fijé en el correo y sí. ¡Tenía el mail que tanto había estado esperando!.
El archivo adjunto del mail pesaba 2,2 megabatios, o sea, un poco más que un viejo diskette plástico. Una ganga. Cliqueé “bajar archivo”, “guardar en tal lugar” “aceptar”. Y el archivo de 2,2 megabatios comenzó a bajar con gran lentitud, me sorprendía porque era un archivo bien pedorro, no era una película o una cosa de locos, era un simple gil e hijo de la chingada archivito chiquito-chiquito que, en 2011, debería tardar en recibirlo unos segundos, diez pongamos como tope. Y el archivo no bajaba. Y a partir del 50% se puso realmente intolerable la cosa, bajando el resto durante larguísimos 15 minutos. Sí, querido lector, quince minutos para terminar de bajar el siguiente 50%. Aunque en realidad, el siguiente 45%, porque cuando llegó al 95% se clavó, remachó, engrampó, soldó, afirmó y abrazó a ese 95% para nunca más aumentar aunque más no sea un solo 1%. Y lo esperé 15 minutos más. Pero el 95% me miraba desafiante desde el cartelito del orto de Windows y no se mosqueaba ante mi mirada de asesino serial. Estuve media hora en el Bar “Equis” tratando de bajar un archivo PDF de 2,2 megabatios, y me tomé una bebida cola que no sólo no quería tomar sino que, aparte, ya era hora de clavarse un tinto.

La desesperación, la ira, el enojo, la indignación y el absoluto e insobornable malhumor se apoderaron de mi ser de manera inusitada y llamé a mis hijas por teléfono para avisarles que debía demorarme aún más (ya eran las 10 y pico de la noche y debíamos cenar y aún no me había encargado de la cena, que se transformaría en una pizza de La Venganza, lo digo en español para no hacer propaganda). Me subí al auto y me fui, muy pero muy encolerizado, a la plaza de la catedral, donde hay internet gratuita. Y me conecté. Y bajé el archivo en un santiamén. En los 10 o 15 segundos que debería poder bajarse un archivo de 2,2 megabatios en febrero de 2011, en este mundo. Y me fui a comprar la pizza. Y luego de comer imprimí lo que necesitaba con mis hijas durmiendo sin haber tenido casi contacto conmigo en toda la tarde y con mi psiquis diezmada hasta nuevo aviso.

Ahora yo sé lo que usted me va a decir:

Que rata que sos, jodete por no tener internet”, o:

Eso te pasa por pelotudo”, o:

Y ¿qué querés? Si este país es una cagada”, o:

No te la agarres con el mozo, que no tiene la culpa” y demás comentarios de café. De café sin WI FI.

Y está equivocado, lamento informarle. Porque hay una calcomanía, muy cheta y muy entradora en algunos bares en las puertas y en las ventanas que dan a la calle que dicen, en blanco y negro: “WI FI”. Y “WI FI” quiere decir “Wireless Fidelity” (fidelidad sin cables), no quiere decir “Without Internet For Idiots who supose that they can check mails and they don’t”. Y no sé usted, pero yo fumo, y generalmente lo hago luego de tomar un café, una bebida cola o una levité de naranja, y en los bares no se puede fumar, y todo eso que tomo antes de fumar lo tengo en la heladera de mi casa, y no necesito para nada ir a un bar a gastar entre 6 y 10 pesos para tomarme una bebida que me dará grandes ganar de pitar un negro. Y no voy a un bar si no tiene patio. Y con el quilombo de tiempos que tengo no estoy para perder media hora en un bar, si lo hago es porque quiero aprovechar el servicio que el bar amenaza tener en sus escaparates. No por otra cosa.

Los bares que tienen WI FI y tienen algún problema de conexión lo saben, les figura en la computadora del mostrador, en la parte de abajo, a la derecha, como nos figura a los que queremos conectarnos y no logramos hacerlo. Un parroquiano que ingresa en un bar a “conectarse”, lo hace con un portafolios que muestra a las claras que viene con una notebook, todavía no escuché que alguien haya entrado en un bar y, antes de sentarse, se haya sacado la notebook de adentro del orto, todo el mundo que necesita conectarse en un bar, lo hace mostrando un portafolios y, al sentarse, generalmente saca de adentro de ese portafolios la notebook esperando que el mozo le diga la clave, porque este es un mundo loco, y todos estamos al palo y no tenemos tiempo. El mozo debería hacerle notar al parroquiano que no hay conexión por “un problema técnico” si el dueño del bar no lo hizo antes estando sentado detrás de la caja registradora, en un ángulo de visión perfecto, que le deja ver tanto la entrada como cada recóndito lugar del salón, eso sería honorable y no dejaría al parroquiano con la sensación de que le cagaron una bebida cola de arribeño.

Otra cosa, los mozos deberían contemplar que todos están diciendo lo mismo y que algún día alguien se enojará. Lo más probable es que no lo sepan, ¿cómo van a imaginar que todos los mozos del mundo, ante la pregunta sobre el problema de conexión, van a responder “ah, entonces no sé” Es imposible que lo sepan, y seguro no lo hacen de malos tipos, pero deberían contemplar varias otras opciones, sobre todo analizando el implacable mundo en el que vivimos, que está lleno de loquitos.

Aquí van, queridos mozos, unos ejemplos:

¿No hay internet? ¡Qué raro!
Esta es una manera simpática de salir airoso, ya que el empleado no queda pegado y el cliente comienza a mirar con inquietud al cajero, que supone dueño del establecimiento. Y el mozo queda libre de culpa y cargo.

¡Ah, sí! ¡Qué boludo! Me olvidé de decirte, sí. Se cortó hace un rato. ¿Querés quedarte o preferís irte? Por el pedido no te preocupes que lo doy de baja.
Esta otra opción deja al mozo muy bien parado, ya que se pone del lado de su cliente y, sabiendo o no si había internet, puede volver a la caja y decirle a su jefe: “el tipo de la 34 se va porque no hay internet” Y listo. El mozo no paga la bebida. El cliente tampoco. El jefe se pone las pilas y trata de solucionar el problema para que no vuelva a ocurrir.

“Y, lo que pasa es que qué querés… Este hijo de puta es una rata… No pone un mango… Hace como 1 año que hay problemas con internet… Los clientes se quejan, pero a él todo le chupa un huevo”
Este ejemplo no es una buena elección, ya que es ponerse demasiado del lado del cliente y el mozo puede no haber advertido que el jefe justo pasaba por detrás suyo porque se estaba meando y puede haber escuchado el comentario, enojarse, y echarlo a la reputa madre que lo re mil parió.

“Ah, entonces no sé” es la manera más directa de ir, sin escalas, al lugar del odio del cliente. El cliente pasa a odiar al mozo sin culpar a nadie más. Porque esa actitud de “me chupa un huevo si te podes conectar o no” o “a mi qué carajo me importa si hay o no internet, está jugando deportivo la palangana y yo estoy laburando porque falté ayer y me hicieron hacer hoy doble turno” hace volcar toda la ira sobre el mozo. El cliente deja de lado, incluso, hasta el tema de la falla de conexión, poniéndose bastante colérico con un tipo que acaba de demostrarle por todos lados que no solo no le importa que no se pueda conectar, tampoco le importaría si su cliente se muriera en ese instante o si la bebida cola tenía un sorete de perro flotando dentro. Y eso es de muy mala educación. Y es probable que en un futuro muy cercano salga en la tapa de un importante matutino: “Asesinan a mozo metiéndole por el ano un router y una bebida cola”

Así que, querido mozo, yo sé que usted no tiene la culpa, pero por su propio bien trate de elegir alguno de los dos primeros ejemplos que le regalé. Sea bueno con su cliente. Su cliente es su amigo. Y sin su cliente, usted se queda en casa mirando Tinelli. O el partido de deportivo la palangana...

Por el consejo no me debe nada.


PostData: Ya me fui de vacaciones. Y en la zona de Santa Rosa de la Pampa me quedé sin batería en el celular, así que entramos en la ciudad buscando un bar con WI FI. Santa Rosa es grande, es una gran ciudad, llena de santarroseños. Y llena de bares con mesas en la vereda. El día estaba lindo, pero íbamos mucho más lejos que Santa Rosa de la Pampa, debía continuar el viaje si quería llegar en el mismo día. Pero debía avisar a mis hijas que estábamos bien así que paramos en un bar con WI FI para, al menos, mandarles un mail.

El mozo vino. Le pedimos una pizza y un par de bebidas colas. Cuando nos trajo el pedido le pregunté por la clave para ingresar a internet. Gonzalo (que así se llama) me dijo que no tenían internet, sorprendido por mi pedido, entonces le señalé el cristal del escaparate del bar donde trabajaba, en donde había una inmensa calcomanía de WI FI, y, sonriendo, me dijo que no, que eso era del bar anterior, que se habían olvidado de sacar la calcomanía…

La viveza de los dueños de los bares se está zarpando un poquito.

Váyanse todos a cagar.

lunes, 31 de enero de 2011

Personal te conviene

Hoy les voy a intentar describir un inconveniente que estoy teniendo con el celular, ese mágico aparatito que nos cambió la vida y que, sin él, ya no podemos vivir.

Soy cliente de Personal. Desde hace muchos años, creo que al menos 15. Y desde hace más de 5 años tengo un plan de “empresas” para poder hablar gratis con mi madre, mi hermana, mi padre, mi mujer y mis hijas.

Los celulares no funcionan más. No sé si usted tomó nota de esto que le digo pero es así: no funcionan. Porque hay muchos y las antenas están congestionadas de manera crónica. Sépalo, amiguito, así no se le sale la cadena de la bicicleta al pedo por algo que no tiene solución.

Dicen las malas lenguas que en este país hay un promedio de al menos 2 celulares por habitante. Y eso arroja un total de 80 millones de líneas.

Entonces pasa lo siguiente, cuando usted habla con su interlocutor se producen “muteos” irrecuperables de un cuarto o medio segundo de duración que trastornan de manera irremediable las comunicaciones por las que pagamos el servicio que la empresa de telefonía nos debiera brindar.

Ahora bien, si esos “muteos” fueran sólo producto de la falta de calidad en el servicio por saturación de equipos y escasa cantidad de antenas diseminadas en la ciudad, éstos deberían aparecer en cualquier instancia de la conversación y no sólo en la “palabra estratégica” o en la “palabra líder” de la oración. Y esto me hace pensar que las empresas de telefonía celular tienen un entrenado ejército de elite que escucha sin destajo las conversaciones de los abonados y dispara los “muteos” en los momentos críticos, para que el cliente deba volver a llamar y así gastar una nueva llamada.

Voy a poner cuatro ejemplos de lo que ocurre, así usted se hace amigo del problema y va contemplando si esto que le digo no le pasa a diario:


Conversación 1: 


- Madre e hijo -


HIJO: ¿Qué hacés, Ma?
MADRE: Acá estoy, leyendo el “MUTEO” de la “MUTEO”
H: ¿Qué?
M: Leyendo el “MUTEO” de la “MUTEO”
H: Se corta justo. No te entiendo.
M: Leyendo el “MUTEO” de la “MUTEO”
H: Bueno, no importa, sigo sin entenderte, mirá que en un rato voy a pasar, estáte atenta así bajás a abrirme.
M: ¿A qué hora venís?
H: A eso de las “MUTEO” y cuarto
M: ¿A qué hora? Se cortó justo.
H: A las “MUTEO” y cuarto.
M: Se sigue cortando.
H: ¿Ahora me oís?
M: Sí. Fuerte y claro.
H: A las “MUTEO” y cuarto.
M: No, se sigue cortando. Hacé una cosa, yo me preparo y te espero, y cuando llegás me tocas timbre.
H: ¿Y si no “MUTEO” lugar para “MUTEO”?
M: No, se corta, hijo; no sé qué me dijiste…
H: Que si no “MUTEO” lugar para “MUTEO”.
M: No, qué macana, se corta justo.

Este es un ejemplo tonto y cotidiano sobre una situación que, a pesar de romper mucho las pelotas porque uno paga por un servicio y pretende utilizarlo, el caso no es de vida o muerte. Realmente no importa qué estaba leyendo la madre, como tampoco es tan relevante a qué hora llega el hijo a la casa. Suponiendo una madre que está en su morada y no piensa salir o no tiene qué hacer. Tampoco importa mucho si el hijo no consigue lugar para estacionar y no le puede tocar timbre, en todo caso deja un minuto el auto en doble fila, cuestión arraigada en nuestra idiosincrasia, y le toca timbre para que la madre vaya bajando mientras él estaciona en la otra cuadra y vuelve caminando. Póngale onda, tampoco es tan grave…

Veamos otro cristalino ejemplo.


Conversación 2: 


– Jefe – Empleado -


JEFE: Martínez, ¿Pudo hacer el depósito?
EMPLEADO: No, señor. Estaba “MUTEO” el “MUTEO” de la cuenta.
J: No lo escuché, Martínez. Se cortó justo. ¿qué le pasó?
E: Estaba “MUTEO” el “MUTEO”, señor.
J: Sigo sin recibirlo, ¿por qué no se queda “MUTEO”?
E: ¿Señor? No entendí lo último que dijo…
J: ¡“MUTEO”, Martínez! ¡”MUTEO”! A ver si me toma mejor…
E: ¿Ahora me escucha?
J: Sí, mucho mejor. ¿Qué problema tuvo con el depósito?
E: Le decía que estaba “MUTEO” el “MUTEO” de la cuenta.
J: Caramba, Martínez, parece a propósito pero justo se cortan esas dos palabras tan necesarias para que nos entendamos, haga una cosa, es la una y media, por qué no se viene a la oficina y me lo explica en persona, todavía tiene tiempo de volver a hacer el depósito.
E: Como no, señor. Ya estoy yendo.
J: Lo espero.

Tanto Martínez como su jefe, por esta ocasión, tuvieron suerte ya que era la una y media, faltaba otra hora y media para que el banco cerrase sus puertas y la oficina de Martínez estaba sólo a unas cuadras de la sucursal del banco. Martínez volvió a su oficina, un poco agitado por la disparada y le explicó finalmente el problema con el depósito: Estaba MAL el NÚMERO de la cuenta. El jefe constató el error, faltaba un número, y Martínez salió disparado al banco con el número de cuenta correcto.


Hasta aquí son imponderables razonablemente inocuos. No hacen mal a nadie. Sólo hacen perder el tiempo. Ése tiempo que nos es esquivo desde hace varios años. Porque ya no tenemos más tiempo, si usted no se dio cuenta todavía.

Pero pongamos un tercer ejemplo. Un poco más complicado, por cierto:


Ejemplo 3:


– Cliente de empresa de seguros en la ruta con la familia compuesta por dos hijos pequeños y una mujer – Telefonista de la empresa de seguros.


TELEFONISTA: "BORDER-COLLIE" Seguros on-line, mi nombre es Fabiana, ¿En qué puedo ayudarlo?
CLIENTE: Sí, buenas tardes. Me quedé en la ruta, me podría mandar una grúa, aparentemente es un problema eléctrico porque el auto se paró y no arranca más.
T: Cómo no, señor, dígame por favor la ubicación.
C: Estamos a “MUTEO” kilómetros de la estación de servicio Shell de “MUTEO”, mano a “MUTEO”
T: Disculpe, pero no le entendí.
C: Le decía que estamos a “MUTEO” kilómetros de la Shell de “MUTEO”, mano a “MUTEO”. Pero pasando la Shell, pasándola para el lado de "MUTEO"...
T: No logro entender la locación, hágame el favor de correrse unos metros para ver si puedo recibirlo mejor, mientras tanto dígame la patente de su vehículo y el número de póliza.
C: Cómo no. El auto es un “MUTEO”, gris perla. Y la patente es JG”MUTEO” “MUTEO” 8. Y el número de póliza… Espere que no lo encuentro. Acá está. Tome nota: “MUTEO””MUTEO”4 H 14 J “MUTEO”MUTEO””MUTEO” 3.
T: No, señor, lamentablemente no le entendí nada de lo que me dijo, debe correrse de donde está porque no lo tomo. Se corta.

En este caso, más peligroso, por cierto; el cliente podría haber tenido un accidente en la ruta. Al no conseguir brindar la información solicitada a la telefonista puede que hubiera desesperado por estar con la familia en la ruta y hubiese optado por hacer dedo y dejar a su mujer e hijos solos, con todo lo que esto significa, con los accidentes de tránsito de los que somos testigos a diario.


Pero vamos de una vez por todas al ejemplo más peligroso de todos, ese que no tiene salida y que transporta al cliente a una muerte segura.


Accidente hogareño. Un niño tomó veneno para hormigas. Su madre, desesperada, llama a emergencias. Esta mujer vive muy lejos y la ambulancia va a tardar una hora larga en llegar a su casa. Por lo que la telefonista del centro de atención deberá darle consejos a la mujer de cómo actuar hasta que lleguen los paramédicos.

MADRE DESESPERADA: ¡Hola! ¡Por favor! ¡Mi hijo tomó veneno para “MUTEO”! envíenme una ambulancia. Está en el suelo con los ojos en blanco y la botella tirada a su lado ¡SE MUERE!
TELEFONISTA: Por favor, señora, cálmese. ¿Veneno para qué tomó el nene? No se escuchó.
MD: ¡Para “MUTEO”!
T: Sigo sin comprender, pero no se aflija, dígame la dirección, que ya enviamos un médico.
MD: ¡“MUTEO” 4284!
T: No le entendí la calle, señora. Relájese y córrase de donde está porque se corta. Se vé que no tiene buena señal.
MD: ¡”MUTEO” 4284! ¡Vengan pronto! ¡Le sale “MUTEO” por la boca! ¡Y tiene “MUTEO”!
T: No logro entenderla, señora, deberá ir a otra habitación para poder tomarle los datos porque se corta. De lo contrario no podré enviarle el médico y tampoco podré decirle qué hacer mientras estos llegan a su casa...


¿Vieron como de golpe, con este último ejemplo dejaron de reírse y se asustaron un poquito?

Entonces, me pregunto.

¿Qué debemos hacer con estas empresas de cuarta que nos brindan estos patéticos servicios, que nos atienden como si fuéramos ratas apestosas y que nos venden aparatos de pésima calidad para comunicarnos para de esta inútil manera mientras cobran fortunas inadmisibles que no se comparan con el mismo servicio en otra parte del mundo, convirtiendo a la Argentina en uno de los países con telefonía más cara del mundo, que encima está por aumentar inminentemente?

¿Por qué razón si el “MUTEO” es producido por la absoluta congestión que sufrimos, éste no aparece en cualquier lado y sí lo hace en esos lugares estratégicos?

¿Por qué razón no importa las veces que uno repita la frase, como tampoco importa como uno de vuelta la oración, el “MUTEO” sigue perturbando a la palabra líder para que uno no logre hacerse entender?

¿Los celulares no fueron inventados para que nos comuniquemos?

¿O son sólo para pagar una cuentita más en esta vorágine miserable que es nuestra vida?

¿Algún día tomaremos el toro por las astas y tiraremos todos los celulares a la basura, haciendo que estas poderosas empresas claudiquen, se fundan y exploten de una vez por todas?




Personal no te conviene… Personal te abstiene. Personal te detiene.

domingo, 23 de enero de 2011

Vamos de paseo, pí, pí, pí.

El viernes estaba trabajando como un temerario, con la cabeza partida por toda la semana y con el calor, que sobre fin de Noviembre me hizo decidir, muy a mi pesar, que a partir del día siguiente trabajaría sólo de 6 de la mañana a 14, de corrido. Tengo la ventaja de poder decidir esas cosas y no me imagino lo que deben sufrir los que no pueden y deben trabajar por la tarde en labores como la mía (galpón de chapa sin ventilación y, obviamente, sin aire acondicionado). Entonces, decía, estaba trabajando muy acalorado con una paspadura en la entrepierna que ya se me hizo perenne. Y estaba escuchando a Víctor Hugo.



Siempre escucho a Víctor Hugo, a pesar de que odio la manera desfachatada con que mete las publicidades entre noticias, que hizo que durante un largo tiempo lo abandone, pero ahora hace rato que volví. Y necesito escucharlo. Sobre todo para saber cómo viene la mano.

Le tenía gran respeto a este hombre hasta el día en que me llegó un mail diciendo que Néstor le había pagado 10 palos verdes para que lo apoye en su gobierno. Al principio no lo podía creer, realmente. No lo concebía. ¿Víctor Hugo? Me sentí ultrajado, engañado, qué se yo, me sentí para la mierda.

Pero el mail que me enviaron no dejaba lugar a dudas:

1.Vicente Horacio Mendoza y Viviana Hilda Méndez, empelados de Continental, advirtieron la dádiva y lo comentaron entre los demás empleados de la radio. Y Víctor Hugo hizo presión para que los echen. Y los echaron.
2.Magdalena Ruiz Guiñazú cortó abruptamente su relación con Víctor Hugo, cancelando de un día para otro el “pase” que hacía con él al final de su programa, que tan interesante era.
3.Continental y Víctor Hugo, que ya habían mencionado que no transmitirían el mundial Sud África 2010, de un día para otro fueron y lo transmitieron.
4.Víctor Hugo dejó de hablar mal para siempre de Julio Grondona, su enemigo acérrimo N°1.


Yo escuchaba “el pase” que hacía con Magdalena. Lo escuchaba, no me lo contó nadie. Y fui testigo el día en que ese pase no estuvo más. Tampoco estaba como un pelotudo sentado en una silla con una mano sosteniéndome la pera, embelesado con los comentarios de estos dos, no. Simplemente lo escuchaba y noté que un día no estuvo más.
Y luego, hace poco, cuando Víctor Hugo renovó su contrato con la radio por 4 nuevos años, un oyente le preguntó a Fernando Bravo, periodista que lo sucede en la grilla de Continental, qué opinaba de la extensión de dicho contrato, a lo que Fernando Bravo contestó: - A mí ésta radio me paga para que hable entre las 13 y las 17, de lunes a viernes. Lo que pase fuera de ese horario no me incumbe… -




Hace un año atrás, más o menos en la época que posteé indignado el debate entre Longobardi y Víctor Hugo sobre la ley de medios (en donde Longobardi quedaba como un perfecto idiota por no dar su punto de vista sobre la ley y Morales sostenía su postura con dignidad, garbo, prestancia y mucha información) le habían hecho una nota en la revista del diario La Nación, en donde Víctor Hugo mostraba su casa, en Puerto Madero, un departamento absolutamente del carajo, que impactaba por donde se lo mire y dejaba a uno con la baba goteando. Y Víctor Hugo posaba para las fotos en el estar, en la sala de música, en la cocina, en el living; siempre custodiado por ventanales enormes que mostraban, a lo lejos, el Uruguay. Era el departamento de un potentado.

Cuando leí esa nota me quedé sorprendido por la forma elegante y súper cómoda de vida de Víctor Hugo, pero enseguida entré en razones: Víctor Hugo es un tipo que hace 30 años que es muy escuchado y los contratos que firma deben ser millonarios, así que es lógico que tenga tamaña cantidad de plata.

Y el tiempo pasó, y Víctor Hugo siguió hablando maravillas del gobierno, siguió metiendo la publicidad de los lentes Francioni en lugares absolutamente descabellados y yo lo seguí escuchando con tristeza, bastante a mi pesar. Porque la otra opción, querido amigo, es poner a Oscar Gonzales Oro, y no puedo. Realmente no puedo escuchar ese programa.

Entonces, volviendo al párrafo inicial de esta simpática publicación, el viernes pasado estaba trabajando muy acalorado y Víctor Hugo transmitía desde Mar del Plata y eran las once y pico. Y hacía mucho calor y me dolían mucho las manos. Y estaba paspado. Y tenía sueño. Y Víctor Hugo menciona algo sobre que Mar del Plata es la ciudad en donde veranean los argentinos de clase “media”, y que para calcular qué tipo de clase media veranea en Mar del Plata (se ve que para Víctor Hugo hay varias "clases medias"), le había pedido a su producción que le haga un listado de los autos que circulaban por la puerta de la radio porque, a pesar que él estaba detrás de una ventana que mostraba la avenida, él no conocía de marcas de autos y no podría señalar qué auto estaba circulando, que la producción le había dicho qué auto tenía él: Un Chevrolet Corsa, y que los autos que pasaban eran: un Ford Sierra, un Fiat Duna, un Peugeot 504, un Ford Taunus, etc, etc.



Víctor, mirá que yo no me enojo fácil, fijate incluso que, a pesar de todo el mal olor que hoy te rodea, te seguí escuchando… Pero no podés. Definitivamente no podés.
En primer lugar no podés señalar como clase media a gente que tiene esos autos. Admitílo. Es gente pobre. No es clase media. Nadie en ese escalafón de la sociedad tiene ese tipo de autos. Son pobres, Víctor Hugo. Pobres. Pobres que viven en este país. Porque hay pobres en este país. Y veranean todos juntos en Mar del Plata, como pueden, rifando todos los ingresos del año que comienza en cuotas con la tarjeta para poder vacacionar 15 días en enero, todos apretados, en la Bristol. Entendé ése punto. No seas tan caradura.

En segundo lugar: no podés no saber los nombres de los autos, Víctor Hugo, déjate de joder, sos un tipo grande, ¿Cuántos años tenés? ¿60?

¿Nunca viste, en tus años de juventud, un Torino con ansias de manejarlo?

¿No conocés el Audi?, ¿el BMW?, ¿el Mercedes Benz? ¿No te suenan esos nombres? ¿Nunca viste los logos de esas marcas? En el garage de tu torre de Puerto Madero está lleno de esos... ¿Nunca te atrajo verles el culo cuando estan estacionados?

¿Cómo podés ser tan gil de suponer que alguien te va a creer que vos de autos no sabes nada?

Y lo otro:

¿Realmente crees que decir que manejas un Chevrolet Corsa te hace más digno y te corre del lugar de periodista corrupto en el que te metiste sólo?

¿Vos crees que al comentar eso la gente va a decir: Mirá Víctor Hugo, qué macanudo que es, ¡tiene un corsita como nosotros!?

¿Cuándo volvés al estacionamiento de la torre de súper lujo en la que vivís estacionás el corsita al lado del auto de qué vecino?

¿Qué auto tiene tu vecino de al lado?

¿No desentona con el decorado el corsita tuyo en el estacionamiento ese?

¿No te manifestaron tus vecinos que lo cambies porque no pega y les molesta a la vista? ¿Vos crees en serio que nosotros vamos a cambiar nuestra opinión de vos porque nos digas que manejás un corsita?

¿Vos crees que la gente es pelotuda?

Y otra cosa, que me quita el sueño y prometo que es la última:

¿En serio no sabés la marca del auto que manejás?

¿Cómo hiciste para comprarlo? ¿Lo compraste por correo?

¿Cómo hacés para meterte dentro del cockpit de ese misterioso auto cuando vas a trabajar? ¿Vas con los ojos cerrados y te lleva alguien para que no te tropieces como si se tratara de una inquietante sorpresa?

¿Le sacaron el logo de la marca del volante para que tampoco lo sepas dentro?






Víctor Hugo, hacete un favor, No trates de arreglar algo que ya está roto y que nunca se podrá reparar. Seguí laburando. Hablá por radio, apoyá al gobierno y hacé la tuya. Sos grande y merecés disfrutar de la vida. No inventes situaciones inadmisibles para quedar bien con la población. El tiempo es justo y sabio. Y si toda esta historia sobre los 10 palos verdes es una mentira, a la larga se sabrá, quédate tranquilo. Quizás se sepa cuando ya estés muerto porque a veces el tiempo tarda en dar su veredicto, pero al menos tus oyentes podrán volver a respetar a ese hombre que todos suponíamos que eras.

domingo, 9 de enero de 2011

El imantado

Yo tengo un imán. De eso no hay ninguna duda. Lo sé desde que tengo uso de memoria.

En la cola del supermercado siempre tengo adelante a alguien con algún problema de falta de precio, o de error en la tarjeta, o de producto en malas condiciones… También me pasó varias veces que la cajera decida en el instante que me toca a mí cerrar la caja.

En el cine me siento siempre, a rajatabla, al lado de algún energúmeno que manda mensajitos sin parar como un poseído durante todo el transcurso de la película, cuando no se la pasa abriendo caramelos envueltos en celofán o riendo a carcajada limpia en compañía de sus secuaces.

En el banco siempre se clava el cajero automático cuando es mi turno.

En los innumerables trámites por mí realizados ante las autoridades que nos gobiernan por la venta de un vehículo, como por el cambio de domicilio, como por el pago de algún impuesto atrasado de mi casa siempre me encontré con que el formulario no era o el sellado estaba mal o la próstata estaba vencida. Siempre.

Siempre tuve problemas. Siempre me tocó a mí. Es más, no podría contar una sola vez en que no haya tenido que atravesar un improperio. Soy así. Soy un garcado irresoluto. Y debo aceptar vivir con esa cruz.

Cuando comencé, hace casi 2 años, a llevar a mi perra al parque en Wheelright y Dorrego, sufrí en varias ocasiones el asedio de "Los misteriosos hombres de negro" que viven en la barranca y se drogan y emborrachan y chorean sin escrúpulos, incluso una vez publiqué una simpática anécdota que disfruté con uno de ellos (que luego me informaron unos amigos que también van al parque que el tipo se llama "Andrés" y que es un prófugo de la justicia santafecina, que finalmente fue encarcelado por homicidio y que por eso no lo veo más…)

Luego disfruté el comienzo de la construcción de una especie de plaza en la zona, cercando todo el lugar y achicando el predio a menos de la mitad, motivo por el cuál ahora estamos todos apretados y muy incómodos, pero nos respetamos y entendemos. Y no nos jodemos entre nosotros.

También fui partícipe de una situación un domingo que fui con mi novia, mis hijas y la perra a comer unos sanguchitos con bebida cola y elegimos un banco bajo un árbol y nos sentamos a almorzar. La estábamos pasando realmente muy bien: mi perra jugaba sin parar con un perro llamado "Indio", mi novia leía el diario, yo leía unos impresos que me había organizado sobre Julian Assange para luego postear mi comentario en este blog y mis hijas jugaban con unos diminutos dinosaurios plásticos en el banco de cemento. Todo era perfecto hasta que apareció por un costado una vieja (a la que conozco del parque y a la que mi novia una vez ayudó a atarse el pelo) con un chango de supermercado, unos 6 perros callejeros y un palo amenazándome que me vaya de ahí, que ella tenía que darle de comer a los perros y que ése era “su” lugar, yo la miré pero no le dije nada pero mi novia se ve que la miró mal porque inmediatamente la siguió con ella, diciéndole que no la mire así, y que se vaya. Mi novia insistió, intentando manifestarle que ese era un lugar público y que había miles de formas de decir las cosas a lo que la vieja levantó el palo y comenzó a darle al banco donde mis hijas jugaban con sus dinosaurios plásticos, volándolos a la remismísima mierda.
Y ahí me levanté y protegí a la más chica de algún futuro palazo mientras la más grande se alejaba sola y mi novia juntaba todo en una canasta y se iba mientras yo, abrazado a mi pequeña, intentaba recuperar los dinosaurios ante los continuos palazos de la vieja loca a centímetros de mis manos. Llamé a la policía y me fui, pero la policía nunca vino. Nunca viene la policía, la policía está para cosas más importantes que encarcelar ladrones, matones, trapitos intimidantes y/o vendedores a cielo abierto de merca. Y la vieja consiguió darle de comer a los perros en la comodidad de “su” banco de plaza.

Luego lo comenté entre los amigos del parque con los que nos vemos a diario y me dijeron que sí, que incluso algunos de lejos habían visto el triste episodio y que al parque no se puede ir más. Que los "misteriosos hombres de negro" no están más porque con esto de la construcción de la plaza los corrieron y se fueron, pero que ahora hay unos veinte flacos nuevos que venden merca en la barranca y que aprietan a los que estacionan autos para que les den $4 por cuidar un auto que no van a cuidar ya que una vez recolectados los pesos se vuelven a enfiestarse en la barranca.

Entonces me cansé. Y me fui del parque.

La semana pasada unos amigos me recomendaron que vaya con Etelvina, mi perra, a la Florida, que a los perros les gusta mucho el agua y que se iba a divertir bastante. Así que el sábado pasado fuimos los 3: mi novia, Etelvina y yo.



La pasamos fenómeno, al principio Etelvina no entendía nada y miraba el agua con resquemor, pero pasaron 2 señores cincuentones caminando y debatiendo cuestiones de nuestra cotidianeidad y le enseñaron de un empujón que el agua estaba re-buena, y después le tiraron un palito y Etelvina lo fue a buscar. Y nunca más la pude sacar del agua. Estaba enloquecida.











Así que no lo podía creer, tanto tiempo perdido, tantos malos momentos vividos y tenía un lugar fantástico para estar un rato divirtiendo a mi perra.
El domingo fuimos de vuelta. Y el lunes a la tardecita. Y el martes. El miércoles fui con mis hijas, a eso de las 4. Dos pibes que llegaron después que yo desensillé se sentaron a fumar sendos porrazos en la escalerota que baja al agua, pero tenían pinta de estar en la suya así que no le di mayor importancia. Incluso pasaron caminando por al lado de los “porristas” unos agentes de la GUM y no les dijeron nada así que los deberían conocer, o quizás en ese lugar la cosa era distinta, más libre, más respetuosa, que se yo… Era nuevo en el lugar y no entendía mucho como se manejaban las cosas. Los porristas me preguntaban de vez en cuando algunas pelotudeces sobre la perra, si era buena, cómo se llamaba y esas cosas. Me incomodaba un poco la situación porque estaba con las nenas, pero se los veía tipos tranquis así que no me preocupé demás.
El jueves volví a ir, como el viernes y el sábado. Toda la semana fui. Etelvina ya se hizo un par de amigos: Uma, que es una ovejero que también va siempre al horario que voy yo con sus dueños y una pastor inglés rapada que aún no sé su nombre a la que denominaremos “Pastora”. Los dueños de Uma y Pastora van con las reposeras y Etelvina, Uma y Pastora juegan mucho solas ante la mirada siempre atenta de nosotros, sus dueños, que no les permitimos que se corran del lugar delimitado por nuestras pertenencias. Y no se corren. Jamás salen del pedacito demarcado por nuestras reposeras.

Hoy domingo volví a ir. A las 9:30. Pagué con orgullo los $4 que te cobra una asociación en beneficio del Hospital Alberdi que emplea a unos ciudadanos con insignia y ticket y me fui al agua. Etelvina ya está canchera y se mete de inmediato. Yo le tiro un palito. Etelvina lo busca y me lo trae y yo se lo tiro de vuelta. Al rato cayó Uma y Pastora con sus dueños y se instalaron en el exacto lugar de siempre, y me saludaron de lejos (ya nos tenemos vistos pero aún no hubo contacto verbal) Y los perros comenzaron a jugar.

30 minutos después aparecieron por el lado norte 2 agentes de la GUM y se me acercaron con timidez. Yo no entendía que querían porque estaba muy concentrado en mi perra que estaba nadando medio lejos pero los veía que sigilosamente se acercaban a mí. Y era para mí, porque donde yo estaba parado no tenía gente alrededor.

El más alto me preguntó si la perra tenía correa. Le dije que sí y se la señalé en la escalinata.

El más petiso me preguntó si tenía bozal. Le dije que no.

El más alto me ordenó que le ponga la correa. Le dije que era de cuero y que se iba a arruinar con el agua.

El más petiso me dijo que no podía tener a la perra suelta sin bozal, que me retire.




Etelvina retirándose..


Y se fueron a dar el mismo discurso a los dueños de Uma y Pastora, que tienen toda la pinta de llegar caminando al lugar por lo quemados que están, tienen pinta de vivir ahí nomás e ir al río a pata hace años.
Yo me enojé mucho, como siempre, y me fui puteándolos, que es lo que hago cuando la injusticia y, sobre todo, “el imán”, se apoderan de mi vida sin pedir permiso. Y me fui a caminar por la vereda para que Etelvina se seque con el sol así poder meterla en el auto.

Cuando llegué a las rejas que impiden el paso al Balnearo la Florida, volví a encontrarme con estos dos sujetos a los que denominaremos “Don Quijote y Sancho Panza”que les preguntaban a un señor y una señora cuánto tiempo se iban a quedar tomando mate en el banco que habían elegido porque no se podía estar ahí. Y me metí en el medio e, irónicamente, les señalé a los pobres candidatos que no se podía tomar mate en ese lugar, que en qué cabeza cabía semejante delirio, que circulen. El señor y la señora entendieron que los estaba ayudando y se rieron con esa cara de sorpresa que puse yo en el primer contacto con estos dos inimputables de uniforme y logré al menos que Don Quijote y Sancho Panza los dejen en paz y sigan con su absurdo patrullaje en busca de nuevas víctimas.

Luego de esto comencé a masticar arduamente mi bronca y a luchar en mi interior por no seguirla, por irme y dejarme de joder, pero no puedo. Es imposible. Así que dejé a la perra en el auto y me dirigí a la “carpa de la seguridad” en donde Don Quijote y Sancho Panza se habían sentado a tomar mate en compañía de otros agentes que se ve que estaban en el descanso y les pregunté el nombre a los gritos y muy encolerizado. Ambos dos me revelaron sus identidades (que voy a guardar como un oscuro secreto para no deschavarlos, sobre todo porque no tienen la culpa, son 2 giles de goma, 2 pobres salames que no tienen de qué trabajar y que engancharon este absurdo empleo y cumplen órdenes dictadas por algún desequilibrado del municipio que ya no sabe cómo hacer para demostrar a la ciudad que estos agentes inventados cobran un sueldo digno) y una oficiala GUM, con franca pinta de alcahueta y aires de policía, me preguntó mi identidad haciéndose la guapa, a lo que le respondí: Talarga, Juan Carlos… “Juancho”, para los amigos; pero no entendió el chiste y anotó el nombre en un papelito.

Luego entró en escena el jefe de esta bandita de rompe-huevos y se presentó en sociedad estrechando mi mano con respeto diciéndome que hay una ley desde hace más de 20 años, la 8.468, que dicta que los perros deben estar con bozal y encadenados, yo le manifesté, sintiendome de inmediato un alcahuete, el episodio de los porristas del miércoles por la tarde, que si eran tan estrictos en hacer cumplir las leyes más pelotudas, por qué habían pasado tan alegremente por al lado de 2 flacos que estaban meta porro y no les habían hecho mención alguna sobre el tema, a lo que Jose Luís Jefe me contestó que ese tipo de cuestiones son pura y exclusivamente de la policía, que ellos no están para eso.

Luego se metió en la trifulca un señor mayor, aduciendo que el hace del ’82 que va al río y que los perros andan sueltos y que nadie tiene problemas, que porqué me cagaban la fiesta gratuitamente de esa manera, pero ninguno respondió nada, hicieron como que el hombre no estaba ahí parado, como que no existía. Yo lo tomé del hombro y lo llevé de vuelta a su silleta plástica y le dije que no se altere, que gracias igual por preocuparse.

Siempre me pregunté qué cazzo significaban las siglas “GUM”, y siempre supuse, seguramente equivocado, distintos significados:

Gamberros Unidos Maniseros

Goleadores Uruguayos Montoneros

Gratuitos Usuarios de Machete

Grandísimos Ulcerosos Maquiavélicos

Ginebra, Uvasal y Mandioca

Gerardo Unta Manteca

Y un montón más.


Ahora sé qué coño significan esas siglas:

Garcadores Unidos Magistrales

Démosle un caluroso aplauso a A. A., I. P. y al Señor L., agentes y jefe, respectivamente, de la GUM, esa organización tan indispensable y tan protectora de las leyes que preservan nuestra integridad con garbo, valentía, ímpetu y equidad.





La GUM. Esa organización necesaria.



jueves, 23 de diciembre de 2010

Jorge Rafael Videla




Jorge Rafael Videla, según el wikipedia, nació en Mercedes, Provincia de Buenos Aires, el 2 de Agosto de 1925. Es un ex-militar y dictador argentino, designado como presidente de facto por una Junta Militar. Ocupó la presidencia de su país entre 1976 y 1981 durante el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” que se inició con el golpe de estado del 24 de marzo de 1976. Además fue Jefe del Ejército Argentino entre 1975 y 1978.

Tras la recuperación de la democracia en 1983, fue juzgado y condenado a prisión perpetua y destitución del grado militar por numerosos crímenes de lesa humanidad cometidos durante su gobierno de facto.

Fue el tercero de cinco hijos del coronel Rafael Eugenio Videla (1888-1952) y María Olga Redondo Ojea (1897-1987). Fue bautizado en recuerdo de dos hermanos mayores mellizos fallecidos de sarampión en 1923. Videla desciende de una tradicional familia de San Luis, muchos de sus antepasados tuvieron destacadas actuaciones políticas, como su tatarabuelo Blas Videla y su abuelo Jacinto, gobernador de San Luis entre 1891 y 1893.

En 1948 se casó con Alicia Raquel Hartridge, hija de un embajador. Con ella tuvo siete hijos: María Cristina (1949), Jorge Horacio (1950), Alejandro Eugenio (1951-1971)(tiene un hijo muerto), María Isabel (1958), Pedro Ignacio (1966), Fernando Gabriel (1961) y Rafael Patricio (1953). Tanto Rafael Patricio y Fernando Gabriel, ingresaron en el Ejército Argentino.

Ingresó en el Colegio Militar de la Nación el 3 de marzo de 1942 y se graduó a fines de 1944 recibiendo el rango de subteniente de infantería, fue el 6º de la promoción 73ª sobre un total de 196 cadetes. Cursó la Escuela Superior de Guerra entre los años 1952 y 1954 y se licenció con el título de Oficial de Estado Mayor. Formó parte de la Secretaría de Defensa entre 1958 y 1960, dirigió la Academia Militar hasta 1962. En 1971 fue ascendido a general de brigada y nombrado por Alejandro Agustín Lanusse como director del Colegio Militar de la Nación . A fines de 1973, el comandante Leandro Anaya lo nombró Jefe del Estado Mayor del Ejército y en agosto de 1975, la presidenta María Estela Martínez de Perón lo nombró Comandante en Jefe del Ejército.

El 24 de marzo de 1976 encabezó junto a Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti el golpe de Estado que derrocó a la presidente constitucional María Estela Martínez de Perón, disgregó a los partidos políticos y cerró las sesiones del Congreso Nacional, dando comienzo al Proceso de Reorganización Nacional. Durante su administración, una disputa fronteriza con Chile estuvo a punto de devenir en un conflicto armado. Su período estuvo marcado por la desaparición y el asesinato de miles de personas, secuestros y torturas. Además existieron otras violaciones de los derechos humanos (como el tráfico de bebés) que configuraron un Terrorismo de Estado. Tras la restauración de la democracia, fue juzgado y condenado a cadena perpetua y destitución del grado militar por los numerosos crímenes cometidos durante su gobierno.

Y sigue, pero por más sorprendente que parezca, no tiene el color del wiki de Massera, no habla de sus logros ni de sus condecoraciones. Buen punto para Wikipedia en este caso.

Jorge Rafael Videla fue juzgado ayer en Córdoba por 31 crímenes, algo así como el 1 por mil de la realidad. Y fue encarcelado con cadena perpetua en una cárcel común, en Córdoba.

Me siento raro.

Debo reconocer que no imaginaba este desenlace ya que el poder que tienen estos señores es mucho más grande de lo que realmente cualquiera de nosotros, incluso los más exagerados, puedan imaginar; y realmente suponía que, a pesar que no iban a poder indultarlo porque el país se iba a prender fuego literariamente, le iban a dar una de esas condenas imbéciles de prisión domiciliaria o algo de eso, pero no. Lo metieron en cana. Y en cárcel común. Debo admitir que no lo esperaba. Sobre todo viniendo de éste gobierno, que siempre me deja indignado porque me hace sentir que todo lo que hace o dice es sólo por parecer justo y no por serlo. Debo reconocer éste punto a Cristina Fernández de Kirchner. Finalmente se hizo justicia. Gracias por esto, señora presidente.

Hay que reconocer al menos que el tipo se la bancó. No hizo la de Massera ni la de Patti (-Estoy enfermo, estoy senil, no entiendo lo que me dice, señor juez…- rodeado de enfermeros y tubos de oxígeno) El tipo, fiel a sus convicciones, se paró en el recinto y, micrófono en la jeta, dio sus (macabros) puntos de vista de lo que “realmente” ocurrió durante la dictadura que dirigió. Y se la bancó. Sin cobijarse en ninguna enfermedad absurda.

Hubiera sido más justa esta justicia si Jorge Rafael Videla hubiera sido encarcelado en 1983, y hubiera sido gratificante verlo preso estos 27 años que pasaron. Jorge Rafael Videla tiene 85 años, no le quedan muchos por delante a pesar de su impecable estado de salud. Pero está preso. Y va a pagar en vida sus errores cometidos, cosa que no ocurrió con tantos otros. Como les gusta decir a algunos amigos, y en este caso comparto: No es poco.

Esta gran noticia que demuestra que estamos creciendo, y que hay una luz, por más chiquita que sea, al final del camino me hace preguntarme, y responderme, como siempre:

¿Estos años de cárcel que se avecinan para Jorge Rafael Videla le servirán para contemplar su pasado y arrepentirse? No.

¿Entenderá que tiene tergiversada su idea de lo que es la patria? No.

¿Cambiará en su interior el lema “Aquello fue una guerra interna” y contemplará que erradicó de la faz de la república durante veinte años (2 generaciones) la idea de pensar un país mejor por temor a represalias? No.

¿Será capaz de aceptar que esa “guerra interna” que libró contra grupos que se encomendaron violentamente a luchar por un país distinto lo hizo cebar exterminando de la faz de la república a todo ser humano que quiso, de manera pacífica, reclamar por lo que le correspondía? No.

¿Será, finalmente, el momento de asimilar que destrozó para siempre a las familias de esos 30.000 argentinos que hizo desaparecer? No.

¿Entenderá que todo lo que hizo durante su terrorífico mandato distorsionó por varias décadas el camino que la República Argentina debería haber tomado en aquel entonces? No.

No tiene sentido.

Jorge Rafael Videla nunca jamás entenderá qué hizo, porque está ciego en sus convicciones.

Pero al menos pagará 5 o 10 años de cárcel. En una cárcel común. Con una edad impropia para semejante viaje.


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Juicio a Videla y compañía

Para el que no lo sepa, hay una web muy interesante por donde se puede seguir minuto a minuto el juicio, está muy bien armada:

http://www.eldiariodeljuicio.com.ar/

domingo, 19 de diciembre de 2010

Mi Documento Nacional de Identidad

Este es mi Documento Nacional de Identidad:



Con este Documento Nacional de Identidad hice de todo: viaje, saqué carnets de conducir, hice transacciones inmobiliarias, anoté a mis retoños cuando nacieron, compré dólares y lo presenté ante cada reclamación de verificacion de identidad que me hayan solicitado en mis 38 años de vida.




Viajé por el interior, lo presenté varias veces para sacar el pasaporte (viajé mucho, ahora ya no pero tuve una época muy de viajero) y voté. Voté mil veces con este Documento Nacional de Identidad.




Tanto pero tanto voté, que un día se me terminó el lugar destinado para eso en mi Documento Nacional de Identidad y comenzaron a sellarme hojas que nada tenían que ver con la parte de elecciones.




Y tanto pero tanto lo usé en este último tiempo (sobre todo para elecciones de todo tipo, para votar) que se empezó a ajar de más hasta que la contratapa se abrió al medio creando un nuevo par de hojas en donde siguieron poniéndome sellos de elecciones:




Pero hace rato que está así, varios años, el día en que noté que ya estaba viejito y feo lo guardé en una caja y sólo lo usé, de ahí en más, para alguna presentación en tribunales cuando lo he necesitado. Y para votar, que seguí votando y mucho con el Documento Nacional de Identidad en este estado.



Nunca jamás, en todas las veces que le mencioné acá arriba, ningún empleado municipal, ni empleado de juzgado, ni presidente de mesa electoral, ni policía ni banquero, nunca pero nunca, me han señalado que ese Documento Nacional de Identidad no servía. Nunca.

Sólo dejó de servir cuando lo necesité yo, cuando quise hacer el cambio de domicilio.

Para hacer el cambio de domicilio hay que ir, si usted vive en el centro, a la zona de Wheelright y Paraguay a eso de las 7 de la mañana y hacer cola parado afuera, en la puerta, hasta las 8, momento en que abren para que uno saque un numerito y lo atiendan los modernos y prácticos nuevos empleados municipales.

Entonces fue mi novia a hacerlo, yo no lo iba a poder hacer ya que trabajo mucho y no tengo posibilidad de perder una mañana en ese trámite, mi novia tampoco la tiene, pero ella puede pedir la mañana, yo no, no tengo a quién solicitarle eso. Entonces la dejé en la puerta y no había nadie (habíamos probado varias veces y ya a las 7 tenía entre diez y veinte personas que se ve que habían pintado en el lugar tipo 6). Esta vez sólo había dos vecinos, entonces me picó la intriga, y me tiré a la pileta. O lo hacía ese día, o no lo iba a poder hacer nunca más.

Así que fui hasta mi negocio, distante unas 50 cuadras del lugar, y organicé la mañana de manera de poder rajarme pronto.

Y los planetas se alinearon.

Y 7:45 zarpé rumbo a Distrito Centro a por mi "cambio de domicilio".

Finalmente lograría hacerlo, finalmente dejaría de votar en Ovidio Lagos y Rueda, distante 60 cuadras de mi actual morada.

Entonces llegué como una exalación, temiendo que todo se vaya a la mierda por el sólo hecho de no conseguir lugar para estacionar, que era altamente probable ya que en esa zona todo el mundo intenta estacionar a esa hora para hacer algún trámite pero no, justo en frente de donde debía ir yo se estaba yendo en ese instante un ñato y me dejaba el lugar.

Perfecto.

Nada más podría pedirle a la vida. Estacioné y crucé exultante a por mi cambio de domicilio. Eran las 8:03 y mi novia me hacía señas desde la puerta del juzgado de que ya nos tocaba y entré, un poco agitado, y saqué mi Documento Nacional de Identidad de mi bolsillo y se lo extendí al empleado municipal, que lo miró despectivo y se produjo este diálogo:

- Ese documento no sirve - descerrajó empleado, con gran desprecio.

- Pero señor, es el mismo documento que utilicé para votar la última vez... - dije yo con tristeza, sabía que iba a estar dura la cosa, al punto del imposible.

- Ese documento no sirve - repitió empleado como una computadora vieja y tildada.

- Discúlpeme señor, pero ¿me puede explicar por qué sirve para votar, o por qué sirvió la semana pasada en tribunales para dar permiso a mis hijas a que salgan del país de vacaciones con su madre y ahora no sirve para este trámite tan sencillo? - pregunté haciendo un gran sacrificio por no agarrarlo de las orejas y reventarle la jeta contra el escritorio repetidas veces hasta notar que ya no tenía más vida.

- Ese documento no sirve - volvió a repetir empleado como un perfecto retrasado mental, a lo que yo se ve que me moví o el calor que irradiaba mi cuerpo hizo notar a mi novia que se venía el estallido psicodélico y entonces entró ella en la plática, sobre todo para que yo no hable más, no es bueno que lo haga cuando estoy en trance de enojo.

- Disculpeme, señor, pero es verdad que nunca nadie nos dijo eso del documento de mi novio, ¿usted podría hacerle el cambio de domicilio? es sólo eso y él trabaja mucho, se le hace practicamente imposible hacer este trámite...

- Ese documento no sirve - se plantó empleado, dando a entender que quería que lo mate.

- Escuchame una cosita, personaje, ¿vos lo único que vas a decir en toda la mañana es "ese documento no sirve"? nadie nunca me dijo "ese documento no sirve" cuando tanto vos como los inoperantes que me gobiernan y te pagan el sueldo necesitaron que vaya y vote, teneme un poco de respeto y date cuenta que no es para tanto y que sólo no tuviste una buena noche ayer y entonces te la agarrás conmigo que soy el primer pelotudo que te tocó en la fila...

- Vení, vamos a hablar con la jueza y decile todo lo que quieras a ella - se levantó empleado con gran temeridad - A parte, ¿qué tiene que ver que sirva para votar...? Para votar yo te puedo poner un sello en un papelito, si es lo mismo...- minimizó el ejemplo empleado, dando a entender que lo que yo le decía no era de importancia.

- ¿Vos estás escuchándote? ¿Te das cuenta que me estás diciendo que el sufragio que yo hago no tiene importancia? ¿Te das cuenta lo que me estás diciendo? ¿Así que me podes poner un sello en un papelito? ¿Porque no es tan importante? ¿Estás seguro?

- Vení - abrió la puerta enérgico y resuelto a luchar hasta las últimas consecuencias - Vení y decile todo eso a la jueza.

- Dejá, no te preocupes... - le dije mordiéndome de decirle lo que realmente quería, la actitud de ese empleado municipal me demostraba por todos lados que si yo la seguía tampoco le haría el cambio de domicilio a mi novia.

Y me fui.

Y no pude hacer el cambio de domicilio.

¿Saben a qué me hace acordar esta historia del DNI nuevo?

Al cambio de patentes de autos de Carlos Saúl Menem, aquella tarde de principios de los '90s en donde Carlos se despertó de la siesta pensando de qué manera juntar varios cientos de millones de pesos extra de los que ya había acaparado y se le ocurrió la ingeniosa manera de obligar a todos los argentinos a cambiar la patente de su auto por la módica suma de $84 inventando que lo hacía por la seguridad de todos, ya que habían importado unas pistolas que leerían más nitidimente la pintura refractaria de las nuevas patentes y entonces, por decreto: A cambiar la patente. Y mi auto de un día para el otro cambió su S677 638 por SRR 722 o algo así y yo tuve que poner de mi bolsillo $84. Igual que cada ciudadano argentino que sea propietario de un vehículo.

Y nunca en mi vida, en estos 20 años que hace ya que los autos tienen las patentes refractarias, vi a un policía de tránsito con una de esas "pistolas-lee-pintura-refractaria". Nunca.

Ahora la pareja K una tarde se levantó investigando cómo recolectar dinero de manera masiva e inventó lo del DNI nuevo, y le dio orden estricta a sus empleados municipales que no dejen títere con cabeza, y que cada ciudadano que presente el DNI sea rechazado para que deban tener que rehacerlo y tener el nuevo, de mucho más calidad (...) que el anterior que tantas décadas ha durado.

Ahora me voy a tener que hacer el nuevo DNI, cosa que no quería hacer porque he visto lo que es el nuevo DNI y es patético, no dura más que 3 o 4 años.

Y sé, convencido, que sólo es una tramoya para recaudar fondos para vaya uno a saber qué cosa.

Pero soy una oveja, una más dentro del corral.

Y deberé hacerlo.

Me guste o no.