Primero les voy a contar sobre el presente de Juan Carlos, que renunció a Patagonia, que no le pagaron la última quincena que trabajó y que el gerente le dijo que si quería le haga juicio, pero que no iba a ver un peso.
Entonces renunció y consiguió trabajo (con mucha suerte, a veces creo que este pibe tiene el culo de oro o algo así, pero aún no lo vi en pelotas) en el Banco de Santa Fe. Siempre contratado por un tercero, no vaya a ser que el Banco de Santa Fe tenga que pagar indemnizaciones y aportes… Que la boca se me haga a un lado…
Y entonces cada 3 meses tiene que faltar una semana y esperar que lo recontrate la empresa a la que “Recursos Humanos” del banco contrata para que le aporte pelotudos que trabajen sin destino y sin futuro. Pa lo que guste mandar.
Una joya Recursos Humanos, porque cuando uno lee o dice “recursos humanos” supone una entidad que boga y protege al empleado pero no, lea bien: Recursos Humanos. O sea: ¿Necesita un humano? Aquí tiene.
Pongamos un ejemplo:
- Señor, mire lo que es esta estantería… ¡Está todo desacomodado!, no vamos a encontrar jamás el formulario H13 del contrato del señor Gutierrez…
- Tiene razón, Ramirez, esto es un kilombo. Deberemos recurrir a un humano que lo ordene. Pídale uno a Recursos Humanos de inmediato.
Que es lo mismo que “Yo, Robot”, la película de Will Smith; el día que los robots puedan ordenar estanterías y encontrar el formulario H13 del contrato del señor Gutierrez, Juan Carlos tendrá que contarse los pelos de las pelotas para no aburrirse mientras se muere de inanición por la falta de alimentos. Y falta re poquito para eso pero no importa, sigan mirando Tinelli.
Bueno, pero me fui a la mierda, como siempre; no quería hablar de Juan Carlos, quería hablar de su hermana, Palmira.
Resulta que hace 5 años Palmira se recibió de biotecnóloga y comenzó a buscar trabajo. En aquella época y con un ataque de ansiedad le regalé una bicicleta para que pueda desenvolverse cómoda yendo y viniendo de ese trabajo que aún no tenía. Fui medio pelotudo, lo sé, si aún no sabíamos incluso si trabajaría en Rosario… Y entonces la bici quedó medio abandonada, y luego la usó bastante Juan Carlos para ir al shoping a trabajar en Patagonia. Era una bici medio chota y duró lo que un pedo en un canasto. Y el día que Palmira se dignó a usarla ya estaba más desvencijada que Mamá Cora así que decidimos ir a Rippio y cambiarla por una más cómoda y más linda.
Y las cosas las hacemos pasito a pasito, porque no podemos hacerlas todas juntas, entonces terminamos de pagar el lavarropas y me compre una bici para mí, y terminamos de pagar mi bici y Palmira se compró la suya, en Marzo de este año.
Hermosa bicicleta, realmente, divina, muy cómoda. De paseo. No como la mía, que es tipo trecking o mountain bike o como mierda se llame, que uno anda todo encorvado, no. La tipa va sentada derecha. Cuando me la prestó para dar una vuelta quería ir y cambiar la mía por una de esas. Realmente muy buena bici. Vamos a hacerle propaganda así la gente va y se compra una de esas: Olmo Freetime 4 se llama. Se la recomiendo:

Y empezó a irse en bicicleta a trabajar, porque gana $3.800, siendo una científica que trabaja 10 horas por día y no tiene ni obra social ni aportes ni nada, entonces si viajara en colectivo se le iría bastante guita por mes, así que la ayudé y se compró la bici, que entre lo que Emilio nos tomó la vieja más un regalo de plata extra mío la sacó bastante barata.
Y la vida le cambió. Dejó de putear por tener que depender del colectivo. Es libre. Se levanta, desayuna y sale con su bici hacia la Siberia. Se clava el MP3 y a pedalear escuchando vaya uno a saber qué barbaridad. Problema solucionado.
Resulta que su laboratorio está dividido en 2 partes. Un 90% funciona en la Siberia pero aún queda un 10% de maquinaria en la facultad, en Suipacha entre Urquiza y San Lorenzo. Y a veces el jefe de Palmira le ordena que vaya a la facultad antes de irse a su casa a “hacer correr un experimento”, entonces Palmira, a las 7 de la tarde, pedalea desde la Siberia hasta Suipacha al 500 y sube al laboratorio, agarra un cosito y lo pone dentro de otro cosito, aprieta un botón y listo, a casita que ya es tarde.
Y el lunes le tocó esa: ir a la facultad a hacer correr un experimento por orden de su jefe. Pero estaba chocha, porque se venía recagando de frío en la bici a las 7 u 8 de la noche y durante la Feria del Libro en Buenos Aires pasamos por el centro y en un local de ropa deportiva le compré una camperita impermeable que no deja pasar el frío así que estaba de estreno, se podría haber ido pedaleando a la Siberia de Rusia con la camperita esa. Un fenómeno la camperita.
Y entonces fue a la facultad, escuchando música, abrigada por la camperita, pedaleando cómoda en su bicicleta nueva. Así que llegó, ató la bici en una reja que hay en la entrada. Subió al laboratorio, puso el coso dentro del cosito. Apretó el botón y bajó. En la escalera una chica le preguntó algo y se detuvo un minuto a responderle. Y siguió bajando.
Y cuando salió a la calle su bicicleta no estaba más. Se la habían robado.
Y entonces lloró mucho de indignación y me llamó por teléfono, muy crispada, así que fui en su rescate, al menos para hacerle el aguante emocional, a mí me chafaron la bicicleta del balcón y la bronca hizo que no me compre otra por 4 años, así que la entendía bastante.
En la facultad de biotecnología, a las 7 de la tarde, entran y salen 10 millones de personas. Nadie vio nada. El muchacho del kiosko de enfrente, al ser indagado sobre si vio algo le dijo que no, que no había visto nada, pero que siempre roban bicicletas ahí, que no se puede ir en bicicleta.
Al otro día se lo conté a un amigo mío que es empleado en un club, y me dijo que Palmira le cuente lo sucedido a su jefe, que ellos (mi amigo y sus compañeros de trabajo) tienen un seguro laboral una hora antes y una hora después del trabajo, que si le roban una bicicleta en su lugar de trabajo el club debe responder por ese robo, y que si lo roban una hora antes o una después se toma como que el empleado estaba yendo o volviendo del trabajo, por lo que también le corresponde al club afrontar la recomposición del rodado hurtado.
Yo se lo manifesté a Palmira, pero me dijo que no le iba a decir nada al jefe, que era al pedo. Y yo insistí. Sería lógico que si vos “jefe” le pedís a tu empleado que vaya a hacer un trabajo a otro lado y en el interín le chafan el vehículo, deberías responsabilizarte ¿no?
Bueno, no. Cuando Palmira le mencionó lo del robo sólo dijo: ¡No! ¡Qué hijos de puta!
Y nada más.
Palmira sigue trabajando mucho, luchando por encontrar la cura de varias enfermedades degenerativas.
Gana $3.800. No tiene jubilación. No tiene obra social.
Y ahora tampoco tiene bicicleta.












