miércoles, 7 de noviembre de 2012

No voy, pero iré.





Hace más de dos meses que se está construyendo una marcha por la “libertad de expresión” para que mañana, 8 de noviembre, salgamos todos a la calle y así reclamar por nuestro derecho a ser escuchados. Se la llama el “8N”, en clara alusión competitiva al mote puesto por el gobierno del próximo 7 de diciembre: “7D”.

La idea es que nos congreguemos todos aquellos que estamos disconformes con este gobierno, para reclamar por un sustancioso cambio. O directamente para que Cristina renuncie y se vaya. 

Y si me pongo a hacer cuentas, tengo muchos cuestionamientos para con este gobierno. Muchos. Tantos que no cabrían en un solo editorial, y si los enumerara, lo más probable sería que usted dejara de leer y se fuera a seguir con sus labores cotidianos. Porque realmente estoy harto de este gobierno. Harto. Me indigna la prepotencia de Cristina, me enoja la Cámpora, me exasperan los ministros. Todos. Desde Abal Medina hasta Manzur, porque son todos unos necios lame carteras Louis Vuitton que están pasando un irrepetible momento en sus vidas y lo disfrutan a pleno. Encandilados de poder, levantándose todos los días con el solo fin de poder engrosar al mango sus economías hasta el último minuto en que se encuentren gobernando, sin tener nada que envidiarle a los ministros de cualquier otro gobierno corrupto que hayamos tenido en el poder. Porque son un asco. Porque se aprovechan de los humildes dándoles fútbol para todos, ese deporte de mierda que para lo único que sirve es para tener a la población pensando en otra cosa, sin un mango para pagar la comida mientras los jugadores de los clubes de sus amores viven vidas de millonarios tan pero tan cómodas e irreales que se pueden dar el lujo de salir un día a decir que no sienten que tengan nada para dar. Vergüenza debería darles.



Porque deseo verlos en cana, porque sueño con verlos presos, devolviendo cada peso que se robaron. Porque me apenan los jóvenes que creen en estos hipócritas gobernantes, porque falta muy poquito para que el encantamiento se desvanezca, porque no falta nada, porque a este ritmo, en menos de un año, los deleznables agujeros dejados por todos lados comenzarán indefectiblemente a hacer agua. Y yo estaré ahí, viéndoles apenado las caras a todos los ultra K conocidos, que tengo muchos, que evitarán por todos los medios mirarme a los ojos como si fuera un ser dañino al que le gustase meter un pucho encendido en la llaga cuando jamás se me ocurriría siquiera volver a tocar esos temas por los que nos distanciamos en fatídicas discusiones. Porque es muy feo equivocarse, es horrible. Y, sobre todo, es vergonzoso. Da vergüenza. Es como tirarse un furioso pedo delante de mucha gente y que no queden dudas de que fuiste vos. Y a mí no me gusta señalar a quien se cagó y avergonzarlo aun más. Ya tiene suficiente para remontar solo con un simple y chiquito “perdón, se me escapó” con la mirada clavada en el piso y a un costado como para que uno vaya y haga leña del árbol caído... No me gusta, porque no me gustaría que me lo hagan. Porque yo también tuve 25, y también me recontra equivoqué. Así que ahora, lo que más me apena de todo esto, es que los ultra K se chocarán de golpe con la realidad de que el Kirchnerismo no solo no es lo que parece sino todo lo contrario, y que se comporta de la misma manera que cualquier otro gobierno corrupto que hayamos tenido, pero con “discurso inclusivo”, que es lo que más me hiere, lo que más me indigna, lo que más me encoleriza, aplastando de esta manera a la clase media y sin joder ni un poquito a los ricos, para luego salir a señalarnos como quejosos sin fundamentos porque no podemos ir a Miami como si ese fuera el problema que tiene la clase media, que ya ni puede pensar en tomarse unas simples vacaciones en Mar del Plata en marzo.

Así que mire si tengo cosas para salir a reclamar… Tengo pila de cosas que ofenden mi inteligencia. Cada vez que Cristina dice su célebre frase “inclusión social” a mí se me retuercen las tripas. Cada vez que Estela de Carlotto sale a decir que aquellos que se quejan son nazis me da una tristeza enorme. Cada vez que Víctor Hugo sale a decir que la gente puede salir a quejarse de lo que sea pero que tiene que entender que la presidente también gobierna para el 54% que la votó y que si quieren un cambio se armen un partido, me sube la presión. Cada vez que Abal Medina habla de lo que sea, enloquezco de furia. Los gritos del otro día de ese diputado obsecuente que tildó a los socialistas de narcosocialistas, o el aprovechamiento del intendente de Venado Tuerto, que salió a decir que “no están dadas las condiciones de gobernabilidad en la provincia de Santa Fe” buscando desesperado una suerte de “golpe de estado provincial” para quitarse del medio a un gobierno que no comparte los ¿ideales? Kirchneristas, o Cristina, nuestra presidente hablándonos de manera campechana diciéndonos “córtenla” son situaciones absurdas, lisérgicas y surrealistas que me dejan en un estado de desconcierto y enojo fúlmines. Porque son unos hipócritas, y porque se aprovechan de cada cosa, sea esta viable o no, para seguir mintiéndole a la población con sus delirios.

Pero mañana no voy a asistir a ninguna marcha en reclamo de nada, porque mañana, aquel que salga a reclamar, reclamará para que no le quiten las concesiones y el poder a Magnetto. Y realmente, si hoy, 7 de noviembre de 2012, aun hay gente que no sabe que Magnetto es un ser vil con un poder escandaloso y único en el mundo, que desbancó gobiernos y que aumentó su poder en una escalada formidable desde Manem hasta el propio Néstor Kirchner, y que debe sí o sí ceder ese poder por una cuestión lógica de falta total de legalidad, entonces estamos fritos. Porque no necesitamos para nada apoyar a Magnetto para sacarnos a Cristina de encima. Magnetto necesita desesperado que le demos una mano. Y seguirá revolviéndose como una cascabel enfurecida hasta el 7 de diciembre. Y buscará por todos los medios persuadirnos de que Cristina es autoritaria, que Cristina es corrupta, que su séquito de secuaces son tan corruptos como ella, que nada de lo que está sucediendo con este gobierno tiene lógica alguna y que no hay un plan para nada.

Pero no necesito que Magnetto me diga estas cosas. Ya las sé.


Yo necesito que Magnetto también vaya en cana, porque quiero volver a leer un diario sin tanto prejuicio, porque en ningún otro país del mundo un solo tipo puede ser el dueño de los diarios, del papel, de las imprentas que imprimen los resúmenes de cuenta del banco, de los cables, de las radios, de los canales de aire y de cientos de cosas más. Porque lógicamente, en el planteo más tonto del mundo que se le hiciera a un nene de 5 años entendería que una persona que es la dueña de tantas cosas no tendría reparos en tenernos en un puño y se convertiría en lo que es: un ser despreciable que no parará hasta acaparar todo lo que su ambición desmedida desee hasta el día de su muerte.

Así que no voy a ir a ninguna manifestación mañana.

Eso sí. A partir del 8 de diciembre en adelante, cuenten conmigo para lo que sea.


Juan Pablo Scaiola.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Vivir desamparados



El jueves pasado, a la tarde noche, mientras una gran multitud de gente salía a las calles en busca de protesta, me encomendaba a visitar a un amigo que hacía rato que no veía. Nunca leí invitación alguna en internet para que me adhiriera al reclamo, de ningún amigo – y tengo muchos contactos en Facebook, de todas las ideologías políticas – Pero nadie me avisó nada, nadie armó ningún evento en donde me incluyeran.

Y al no tener televisión, me enteré de esto a las siete y media de la mañana del viernes, cuando me disponía a ir a trabajar en mi abandonado auto escuchando a Magdalena, que anunciaba con bombos y platillos el rutilante éxito de la multitudinaria protesta que ocupara todas las plazas de las más importantes localidades de la república, donde los manifestantes se agolparon con pancartas pidiendo “justicia”, “democracia”, “republicanismo” o “Basta de diKtadura”.


Así es entonces que llegué a mi trabajo perplejo, con la novedad retumbando en mis oídos: El pueblo argentino, ya harto de este nuevo y joven mandato de Cristina Kirchner, decidía espontáneamente salir a las calles para pedir imposibles a esta mujer que nos gobierna, a la que el poder, como al resto de los presidentes que surcan segundos mandatos, la ungió de desatinos, la corrió del eje que “él” había marcado y la zambulló de cabeza y en clavado perfecto en la más profunda confusión política de la que se tenga memoria, rodeándose de jóvenes de la Cámpora que, por qué no admitirlo de una vez por todas, son una suerte de remedos flácidos y poco serios de la célebre agrupación Montoneros, aquella por la que tantos argentinos murieran en busca de un ideal que nunca fue, en busca de un rumbo de país al que jamás se accedió y que dejó a sus dos líderes (Firmenich y Galimberti), enriquecidos a tope viviendo exquisitas vidas de divos sin apremios económicos en Europa hasta la época de Menem, momento en que Galimberti decidió volver para pasearse desfachatado e irrespetuoso en poderosas motos Harley Davidson con su amigo Corcho Rodríguez saliendo en la revista Caras hasta que una enfermedad hepática finalmente terminara con su deleznable vida.

Y la mañana comenzó a avanzar y el programa de Magdalena se extinguía acercándose a las temibles nueve de la mañana, momento mágico de mi jornada laboral en donde arranca el programa de radio más propagandista del gobierno que haya en la radiofonía toda y que es escuchado por este humilde servidor con gran atención, ya que siempre pensé que, para entender de qué van las distintas vicisitudes que enfrentamos, hay que tener la cabeza abierta y hay que leer todo y escuchar todo. Así que no me pierdo a Magdalena y jamás saco a Víctor Hugo. Escucho, muy a mi pesar, al impresentable de Alfredo Leuco y al correctísimo Paulino Rodríguez. Y veo, desilusionado, triste y estafado, a Jorge Lanata, todos los lunes, por internet y en diferido mientras ceno con mi mujer. 




Y “La Mañana” de Víctor Hugo comenzó con una muy respetable y seria edición de voces y resúmenes de lo más importante ocurrido en la noche del jueves donde una buena parte de la población había salido a las calles reclamando por un cambio sustancial y drástico en la dirección que ha tomado este gobierno que recién empieza, que no va a ningún lado y que ya hace agua por todos los costados.

Y Víctor Hugo estaba realmente alelado, no compartía para nada la decisión de salir a criticar a su venerable presidenta, pero no podía más que reconocer que había habido una manifestación multitudinaria de la que no podría hacerse el tonto, aunque inmediatamente después de hacer el obligatorio reconocimiento de la manifestación abandonó el tema entrevistando a Esteban Bullrich, que acaba de perder en su mini batalla porque la justicia kirchnerista admita que un grupo de maestros no puede montar una ridiculización hacia Macri y su persona en una obra de teatro para niños de 8 y 9 años ya que, con bastante razón, hay que reconocérselo, los chicos de 8 y 9 años no deben ser víctimas de ninguna “bajada de línea política”, ni kirchnerista, ni macrista ni leninista ni marxista ni hitleriana. Los chicos de 8 y 9 años deben ir a la escuela a estudiar y a aprender jugando y a nada más. Pero para Víctor Hugo no está mal que esos maestros hayan hecho esa obra de teatro que ridiculiza a Macri y sus secuaces mientras sí desaprueba con vehemencia sesgada que el desatinado e inescrupuloso Fontevecchia haya sacado a la calle una tapa de Noticias con una parodia de Cristina en el momento mismo en que es atacada por un severo, implacable y visceral orgasmo múltiple. 

Está mal que Bullrich no entienda que lo de los chicos que lo cargaron fue un chiste hacia gobierno de derecha. Está mal que Fontevecchia haya osado hacerle un chiste a la presidente.
Pensamiento sesgado. Pensamiento alineado. ¿Pensamiento alienado?

Y luego arremetió contra Francisco “abuela de barrio” de Narváez, ser que me crispa sin duda alguna muy por encima de Mauricio Macri y llevándole varias cabezas de ventaja, al que encontré en una revista Caras mientras el viernes esperaba mi turno en la peluquería, en una estúpida nota en donde asistía con su mujer a una cena de solidaridad infestada de gente solidaria que se apersonaba a la glamorosa recepción para dejar unas tontas migajas de sus inmensas fortunas con el solo fin de salir retratados en la revista más escandalosamente patética del país bajo el estúpido e hiriente título de: “Estilo y Solidaridad”, produciendo en mi ser unas ansias inocultables de agarrar esa revista hija de su madre y estrujarla, romperla y saltarle encima como si fuese un piel roja al que lo atacare una mística posesión diabólica.


Y Víctor Hugo la emprendió contra el colorado colombiano De Narváez porque parece que en la manifestación el tipo dejó caer una pícara sonrisa dando a entender al notero que lo entrevistaba de que Víctor Hugo Morales estaba alineado con el gobierno, haciendo que éste se ofenda y le dedicara varios minutos de su programa refutando con delirantes pruebas esas "infundadas" teorías, para luego salírsele la cadena, como ocurre habitualmente con los kirchneristas más acérrimos, y pisar tontamente el palito acusando a diestra y siniestra a los manifestantes, al punto de señalarlos como “Los ricos de Santa Fe y Lavalle”, o “La gente salió a las calles para luchar por Magnetto… ¡Paren el mundo que me quiero bajar!” aunque rescatándose de golpe y de manera aparatosa, como es habitual en nuestro querido locutor radial, reconociendo que “Las opiniones siempre son respetables, por supuesto, de una buena parte de la población”. 

Y el programa se fue acercando a su fin y cerca del mediodía entrevistó a Maravilla Martínez, al que no tuteó y me hizo recordar con gran nostalgia al Víctor Hugo que tanto respetaba hace pocos años atrás, aquel que era un descollante locutor de radio al que el respeto por sus oyentes y por los participantes del programa era puesto por encima de todas las cosas. Ese Víctor Hugo que luego de una larga vida de trabajo y con una merecida solvencia económica, se fuera a vivir a Puerto Madero, a una torre bien alta, desde donde poder ver su Uruguay natal tras el inmenso ventanal de su estudio. Ese Víctor Hugo que iba al Colón, que no se perdía una sola obra de teatro y que se la pasaba viajando, como corresponde a un ser de su trayectoria con la meritoria fortuna acumulada en tantos años de trabajo, pero que desde el mismo momento en que se hizo Kirchnerista, abandonó Puerto Madero, se compró un Chevrolet Corsa del que no conoce su marca y todo el tiempo se asegura de que sus oyentes sepan que, cuando va al teatro, compra las entradas más baratas en las butacas más alejadas de las obras que va a ver y que, en un sesgo total y absoluto de la realidad, confirmara que los 1.700 dólares que la AFIP le dejó llevarse a Londres para asistir a los quince días de estadía en los Juegos Olímpicos, no solo le alcanzaron fenómeno sino que, para mejor, ¡logró traerse 500 dólares de regreso!, que seguramente al volver a pisar suelo argentino fue corriendo a entregárselos en mano a Echegaray, para alejarse de su despacho haciendo lambisconas reverencias y retirándose caminando hacia atrás como si fuera Gianni Lunadei.

Y mientras escuchamos a Víctor Hugo ahogando sus fauces de las sandeces más ridículas que uno pueda imaginar, en esta otra mano tenemos a Jorge Lanata, periodista por el que escribo estas editoriales, quien me deslumbrara a mis veintipico de años con su manera de hacer periodismo, abriéndome la cabeza y haciéndome pensar, que se convirtió en esto que es hoy, que no sé cómo describirlo. 



Durante mi primera juventud, en plena época de Carlos Menem, (esa que los jóvenes K no conocieron) seguía con fruición sus programas televisivos y tenía reservadas en el kiosko las cuatro ediciones mensuales de Revista XXI de Jorge Lanata, que venía con un regalo irónico todas las semanas haciendo alusión a algún delirio del gobierno de Menem (el único que aún mantengo, pegado en una vieja sala de ensayo en desuso, es el de la patente de cartón que decía “1999- SE VA”, saludando con ansiedad al Turco cuando aun le faltaban varios meses para terminar su segundo mandato).

Jorge Lanata siempre fue un gran referente en lo que a periodismo se refiere. Y su vuelta a la televisión me llenó de alegría, porque aun recuerdo cuando asumió Néstor, que Jorge tenía su programa de televisión y que denunció lo de los 500 palos verdes expatriados a Suiza, y también recuerdo como fue silenciado y sacado del aire. Y no entiendo qué le pasó a Lanata, no lo entiendo, porque también está sesgado de ira y venganza, quedando todo el tiempo pisando el palito. Ir a trabajar con Magnetto después de haberlo denunciado como siempre lo denunció es suficiente para cavarse la fosa y perder la seriedad que pudiera haberse construido. Para siempre.

De cada diez situaciones denunciadas en su programa “Periodismo Para Todos”, seis son crueles verdades, pero las otras cuatro, lejos de ser ciertas, son noticias sobre cuestiones exageradas y rumbeadas para un molino que cualquier persona con dos dedos de frente se da cuenta de que son inventos que no conducen a ningún lado, que no suman ni restan y que lo único que consiguen es generar más y más retruques al día siguiente en La Mañana, o en 6 7 8, programa que ya hace mucho que no consigo ver sin quedar inmensamente indignado.

Y mientras todo esto sucede, Cristina sale en su cadena nacional número veinticinco mil diciendo que “No la vamos a poner nerviosa” y Abal Medina dice que “los que salieron a cacerolear no saben dónde queda la provincia de San Juan (…), y ya les dije que si no les gusta la presidenta, vayan y armen un partido político y preséntense a elecciones”, para luego vociferar que en realidad a la manifestación “fue muy poca gente, pasa que estuvo muy bien editada, por eso parece que son muchos”, haciéndome recordar a Carlos Korach, con sus estúpidas defensas a cualquier cosa que hiciera el turco; o a Juan Pablo Baylac, del gobierno de De la Rua en la época del corralito, cuando le dijo a una señora que caceroleaba frente a la quinta de Olivos que "se vaya a su casa y se quede tranquila, que su plata nadie se la iba a tocar y que cuando el tiempo pasara se iba a acordar de él y le iba a agradecer", haciendo que los extrañe. Tenés que conseguir eso, Abal Medina... Sos tan patético…



Y entonces así estamos, gobernados por una mujer terca y necia que no da el brazo a torcer y que continuará presionando y exprimiendo sin freno a la clase media mientras los ricos se divierten de lo lindo haciendo la misma exacta vida que hicieron siempre, mientras Magnetto lucha con violencia por que el mundo explote antes del 7 de diciembre, a la vez que Víctor Hugo continúa poniéndose el sayo de periodista político que tan aparatoso y desprolijo le queda, destrozando su inmensamente respetable trayectoria, a la par de Jorge Ernesto Lanata, que se sacó la careta y nos demostró con creces que no es aquel periodista serio que suponíamos que era, haciendo que este humilde servidor no tenga claro para nada, y como nunca jamás en su vida, cómo terminará esta historia y si la sobreviviremos.


Y como dije siempre, en cada una de las respetables o patéticas discusiones que he tenido con amigos kirchneristas en estos nueve largos años de mandato santacruceño:

Lo único verdaderamente valedero e importante que dejará esta administración K es que, al concluir, todos se habrán sacado la careta. Y Argentina no será más la que fue, y finalmente habrá madurado.

Juan Pablo Scaiola


martes, 11 de septiembre de 2012

10 años



El 11 de setiembre de 2001, unos minutos más tarde de las 8:46 yo estaba, como siempre a esa hora, sentado delante de la más vieja de mis ocho máquinas naranjas y verdes ganándome el pan. Mi padre, que estaba frente a la computadora revisando mails y leyendo el diario, me pegó un grito: “Una avioneta chocó contra las torres gemelas”.

Lo primero que me salió fue un “noooo...” inocente con cara absorta y dejé de trabajar un instante, imaginando la situación, pero de inmediato continué, ya que tenía que seguir trabajando. Porque hay que seguir trabajando, y eso es lo que me asusta de nuestra sociedad enferma. Y siempre pienso en ese detalle y me pregunto qué tendrá que ocurrir para que uno deje de trabajar de una vez por todas. Porque ni siquiera la muerte de un ser querido hace que uno deje de trabajar, se cierra un día por duelo, o dos, pero después hay que volver al trabajo. Y la vida sigue, porque hay que trabajar para ganarse el pan. Y eso me hace preguntarme de vez en cuándo cómo me tomará la muerte, y hay un 35% de posibilidades que me tome trabajando en el galpón, frente a las máquinas que tanto detesto que me dan el trabajo y el sustento para vivir. Y me da pavor de solo pensarlo.

Y al ratito nomás, mientras continuaba trabajando, mi padre me pegó un segundo grito: “Chocó otro avión”. Y ahí me levanté, finalmente de la silla. Y me acerqué a la oficina donde está la computadora, pero las webs estaban saturadas y no se podía lograr ver un video chiquito en donde humeaba una de las torres como si estuvieran cocinando algo tentador. Así que me fui a lo de Victoria, que era una mujer que tenía un almacén en frente de mi negocio, muy trabajadora, que hace unos años le dio cáncer de páncreas y murió, y el almacén cerró por duelo un día para abrir nuevamente al siguiente, esta vez atendido por su hija, quien algún día también morirá atendiendo el almacén, porque hay que seguir trabajando.

Victoria tenía un televisor de 20 pulgadas arriba de una heladera de Coca Cola, bastante viejo y con la pantalla toda sucia al estar tan alto por lo que imposibilitaba limpiarlo seguido. Mi vecina estaba espantada, mirando la tele apoyada en el mostrador con una mano en la boca sin poder creer lo que veía. Y me acuerdo como si fuera hoy, que entré y giré mi cabeza hacia arriba en dirección al televisor que estaba inmediatamente detrás de la puerta y vi justo, como si el técnico del noticioso que pasaba las imágenes hubiera estado esperando que me acomode bien, como un avión grande, grandísimo, entraba medio de chanfle dentro de una de las paredes de una de las torres gemelas como Pancho por su casa.

La escena era inconcebible, y no la entendía. Esas moles de hormigón y acero parecían dos gigantescos flancitos. ¿Cómo podía ser que un avión las atraviese como si no estuvieran ahí? En realidad hubiera esperado que el avión explote al chocar contra el cemento y caiga en miles de pedazos regando de fuego el lugar del impacto, nunca me hubiera imaginado que si uno apuntaba con un Boeing 757 una torre gemela se metía dentro como si nada.

No lo podía creer, y la imagen era repetida hasta el cansancio, y Victoria y yo abríamos cada vez más la boca, sin entender cómo podía ser posible lo que estábamos viendo.

Y pocos minutos después, mientras no quedaba claro si un misil o un avión había volado una de las cinco caras del pentágono mientras el noticioso mostraba imágenes del pentágono, de las torres y de un bosque en donde había una mancha negra presuntamente ocasionada por un cuarto avión que los heroicos pasajeros mártires que lo ocupaban habían logrado hacer caer luchando con los terroristas a bordo antes que éste llegue a la Casa Blanca, comencé a preocuparme por las personas que habían quedado por sobre el choque de los aviones que habían impactado en las torres, y me preguntaba cómo harían los que habían quedado arriba, en los pisos 80 en adelante, porque si los aviones ingresaron en el núcleo del edificio como si no hubiera paredes, se me ocurre que toda esa zona estaría destrozada y en llamas obstaculizando el paso por escalera hacia la planta baja.


Y me daban pena las figuras humanas que habían perdido el vértigo y se mecían desde las altísimas ventanas pidiendo auxilio y revoleando las camisas, justo unos instantes antes de ver un par de hombres tirarse directamente al vacío. Pero este espectáculo terrorífico duró muy poco. De golpe, una de las torres se desintegró como si fuera lo más lógico del mundo, se auto ingirió convirtiéndose en una obscena nube de polvo que evolucionó hasta tapar casi toda la isla. Y al ratito, ahí nomás, cuando aún no lograba salir del espanto, desapareció la otra, convirtiendo al 11 de Setiembre de 2001 en el día más desconcertante y desequilibrante del que se tenga memoria. Porque han pasado cosas durante el transcurso de la historia de nuestra humanidad. Muchas. Y mucho peores que esta, sin dudas. Pero internet y la evolución de las comunicaciones nos dieron acceso a ver este show en vivo y en directo, haciendo que quedemos perturbados por mucho tiempo.

Y enseguida se supo el nombre del culpable: Osama Bin Laden. Un fundamentalista religioso con muchísimo poder económico vestido con túnica y con una gran barba que luego salió en TV amenazando con el dedo índice montones de cuestiones mientras los ciudadanos neoyorquinos se agrupaban en Ground Zero para colaborar con la remoción de escombros e intoxicarse de por vida sin saberlo.

10 años pasaron de aquel episodio. Y aún hoy y a pesar de la cantidad exasperante de cosas que salieron a la luz luego del “atentado”, Estados Unidos continúa luchando por la paz sembrando de marines cada comarca que no le pertenece, convenciendo a estos ignorantes o egoístas soldados de que los malos son los otros, y que para vivir en libertad hay que sacrificar la propia vida.

Y no importa si en el mismo momento en que sucedía la invasión a Irak y la destitución y próximo ahorcamiento en vivo de Saddam Hussein era visto por la humanidad toda como un atropello y un aniquilamiento sin fundamento real que nada tenía que ver con el “atentado” a las Torres Gemelas. Como tampoco importa que hoy estén desbancando a otro desgraciado que se pasó décadas aprovechándose de su pueblo en sociedad con el mismo que hoy lo señala como eje del mal o del terror.

Ya todo el mundo sabe que Estados Unidos montó este atentado para ir una vez más a la guerra, ya que ésta es un negocio ilimitado, como también todo el mundo sabe que lo hizo, lo hace y lo hará para invadir países con vastos recursos petrolíferos.

Todo el mundo sabe, hoy por hoy, que Osama y Bush eran amigos y socios.

Todo el mundo sabe, hoy por hoy, que en el mismo momento en que sucedían los “atentados” la familia Bin Laden era sacada en un avión por temor a represalias.

Todo el mundo sabe lo que dice la letra de la canción que escucharán en breve (si aún no la han escuchado).

Pero seguiremos trabajando, eso sí. Seguiremos levantándonos a la mañana para ir al trabajo, porque hay que pagar la cuota del auto, de la heladera o del plasma de 32 pulgadas. Todos objetos fabricados por el mismo ser que planificó este atentado para ir a la guerra, aniquilar un pueblo que nada tiene que ver con la cuestión, y autoproclamarse libertador de esas tierras dominadas, para poder extraer gratis el petróleo que ellas contienen bajo su suelo y así poder continuar fabricando las cosas que después nos venderán financiadas, para que sigamos estando agarrados de las pelotas.

Depende de nosotros seguir trabajando y pagando cuotas o ir y golpearle la puerta al Sr. Rockefeller y lincharlo en la vereda.


Somos 7.000.000.000 contra 4 o 5 tipos. Pero nos ganan.


Nunca voy a entender por qué pasa esto.



Video: http://www.youtube.com/watch?v=mi60AJGp9I0


Letra de la canción:


10 años del ataque terrorista más improbable de la historia…
…10 estrofas

Junio 2001 William Cooper advertía
Que algo gordo se venía,
Que a Bin Laden culparían
Pero el líder no sería responsable del ataque
De bandera falsa armada que muy pronto ocurriría

Billy pudo percatarse que ni el FBI lo hallaba
Y de repente CNN publicaba con su cara
Una entrevista muy osada realizada en su escondite
Para amenazar al norte en un recado cero creíble

Pero no lo contó la TV

11 de septiembre 2 aviones comerciales
Eludieron los radares arrasando 3000 almas
La seguridad más grande del planeta fue burlada
Por un grupo de rebeldes con navajas talibanes

Nunca había ocurrido antes que colapse un edificio
Y se derrita en caída libre cual si hubiese un precipicio
Claramente cada torre fue un derrumbe controlado
Se llama Nanotermita el componente utilizado

Pero no lo contó la TV

Humo negro destilaban porque oxígeno faltaba
Y eso revelaba que al ardor ya poco le quedaba
Nunca pudo comprobarse la teoría del colapso
Cada dato del informe resultó manipulado

7 horas transcurridas de las Torres ya caídas
Y un tercero se desploma el World Trade Center Seven
El motivo del derrumbe no hay manera que lo prueben
Sin lugar a dudas otra detonación asistida

Pero no lo contó la TV

Los testigos que escaparon padecieron explosiones
En los pisos inferiores alejados del impacto
Unas angulares puntas en las vigas que quedaron
Acusaron un meticuloso método de corte

Que es exactamente el modo en que un derrumbe se organiza
Para conseguir la convergencia que se hace cenizas
Porque no hay forma en que tanto acero en bloque se derrita
Sin embargo hierro líquido cayendo se veía

Pero no lo contó la TV

No se hallaron casi cuerpos por la fuerza del colapso
Pero un pasaporte intacto en las ruinas encontraron
Por supuesto era de un terrorista ya identificado
Un seguro responsable y coautor del atentado

A 3 días y sin pruebas 19 son culpados
Todos ellos musulmanes radicales conocidos
Del grupete de suicidas 6 aún estaban vivos
Nunca fueron retirados del legajo de imputados

Pero no lo contó la TV

Un Boeing 757 que no pudo ser filmado
Hizo un hueco en el pentágono de 5 metros magros
Tan preciso fue el impacto que bordea en el milagro
38 metros de metal fueron “gasificados

Solo un caza logra un giro de 270 grados
Y aun así es una proeza yendo a 800 km por hora
El lugar más impermeable de la historia fue violado
Penetrado por un aviador novato, flor de mago

Pero no lo contó la TV

Hubo un cuarto avión raptado del que dicen “fue estrellado
Por los mismos tripulantes que se habían amotinado
Pero hay quienes escucharon los misiles y el impacto
Que regaron 8 millas del avión en mil pedazos

Siendo el peor ataque terrorista nunca visto
Se ignoraron todas las medidas que usualmente aplican
Para colmo el protocolo de defensa letifican
Meses antes para hacer aún más turbio el acertijo

Pero no lo contó la TV

Cada jefe negligente militar que estaba al mando
Consiguió ser promovido a un cargo superior en rango
La familia de Bin Laden exiliada de un plumazo
Y un Osama mal doblado adjudicándose el trabajo

Al Qaeda es un invento de la CIA que entrenaba
Guerrilleros en países con terrenos petroleros
Varios adiestrados en la tierra norteamericana
Que ahora los declara ser el cuco
Que nos mete el miedo

Pero no lo contó la TV

Steve Pieczenik un alto estratega de Estados Unidos
Reveló que Osama en 2002 ya estaba fallecido
Por un serio problema renal que incluso ya durante
La administración de Clinton lo tenía agonizante

Todo el terrorismo que la prensa publicita a full
Fue gestado en la gobernación de Carter y de Bush
Y también lo ha utilizado Obama con el mismo fin:
Limitar las libertades, los derechos e invadir

Pero no lo contó la TV

Es tan obvio que debajo de la ruina que dejaron
Hay más mierda que la que jamás hemos imaginado
No sabemos quién gobierna este mundo en el que estamos
Ni por qué clases de seres hemos sido dominados

Somos un rebaño de ignorantes muy bien adiestrados
A pagar por cada cosa del planeta que habitamos
Tristemente lo aceptamos sin siquiera cuestionarlo
Porque estamos del comienzo totalmente programados


Pero no lo contó la TV

Porque no lo contó la TV

No lo contó la TV

Pero no lo contó la TV

martes, 7 de agosto de 2012

Cinco con veinte. Segunda parte.




El domingo pasado me levanté temprano, como siempre. Las perras empiezan a romper las guindas con salir a pasear a la misma hora que los días de semana, no tienen muy claro eso del domingo, del miércoles o del sábado… Así que salí con el auto, en busca de parque, caminata, perras sueltas y nafta. Debía cargar nafta si pretendía encarar la semana, que asomaba inmediatamente después de la última curva de ese domingo que recién arrancaba.

Eran las nueve de la mañana, y lo primero que intenté hacer fue cargar nafta, así ya me sacaba el problema de encima. Era lo mejor, cargar nafta, ir a la panadería y después ir al parque. Pero cuando doblé en Mitre y vi la cola de autos de más de media cuadra estacionados en el carril rápido con las balizas puestas no lo pude creer. Y no lo pude creer porque en verdad me había agarrado con la guardia baja. Jamás hubiera imaginado que tendría que esperar tanto por nafta si era domingo y eran las 9 de la mañana y el problema con Repsol ya hacía muchos meses que se había resuelto. Así que me estacioné detrás de un sandero gris y esperé mi turno.

Y mucho tiempo después logré acceder a mi turno, temeroso de no conseguir nafta súper, porque cuando hay esas largas colas, por algo es. Pero no, no había problemas. No “había habido” nafta durante dos días, pero el problema se acababa de resolver y por eso el tumulto. Había todas las naftas. Lo que sí, un poco caras. El litro de nafta súper lo pagué $ 6.42 en lugar de los patriotas y populares $5,20 que debería haber pagado en la nueva YPF expropiada.

Y ¿la verdad? Me enojé un montón.

Porque $6.42 es un 24% más caro que los $5.20 que obligaban a vender “el crudo para el pueblo” que nuestro amigo de pulcras patillas y mirada cerrada en un punto fijo que generalmente hace memorables y patrióticos discursos en camisa abierta, Axel Kicillof, debería haberme cobrado por el precio de mí súper si finalmente logró expropiar la compañía de manos de esos turros, capitalistas y psicópatas gallegos que no estaban haciendo las cosas bien y que por eso había que hacer largas colas para no conseguir súper a $5,20 como manifesté en la primera parte de este editorial.

Y yo me acuerdo de los aplausos, si incluso aplaudí yo también, envalentonado y con sed de venganza. Me acuerdo de su camisa blanca abierta, me acuerdo de sus denuncias sobre sus justos reclamos a Brufau para que haga los deberes que el terco gallego no hacía y entonces por eso le quitaba YPF mientras le espetaba, demasiado campechano y populista: “¿Qué estuviste haciendo, Brufau? (Aplausos, aplausos).


Me dio una gran alegría ver cómo esos ladinos soretes se quedaban sin la empresa que no brindaba los servicios que debía y que se llevaba todas las ganancias a la madre patria mientras pelotudos del montón, o sea, nosotros, pagábamos el pato de las locuras menemistas.

Pero es todo un chiste. Es todo una farsa. Es todo una joda.

YPF sigue siendo la misma mierda que era hace unos meses atrás, sigue con los exactos mismos problemas mientras Brufau ya no pide a gritos que le devuelvan la compañía al tiempo en que ve, con gran resentimiento y “por TV” cómo otros se quedan con la torta comportándose igual que él.

La clase media en general, está siendo sistemáticamente aniquilada por este gobierno pseudo populista que nos gobierna, al cual le puse todas las fichas en diciembre pasado por no contar con nadie lógico que lo supere y por haber estado de acuerdo con muchas de sus acciones.

Pero es todo un chiste. Es todo una farsa. Es todo una joda.

Porque mientras Cristina Fernández de Kirchner se llena la boca de inclusión social alimentando un obsceno y explosivo aparato político que excede en tamaño a cualquier época que haya vivido nuestro pueblo a la vez que denuncia al campo y lo exprime, los que pagamos el pato somos nosotros. La clase media.

La clase media, ese segmento de la sociedad que se puede comprar un auto cada diez años; que se puede ir de vacaciones de vez en cuando; que puede, al menos una vez en la vida y si hace un gran sacrificio, comprarse una casa; y que trabaja, paga cuotas y vive gracias al movimiento que el campo da en el país.

El campo tiene mucha plata. Eso ya lo sabemos. Cualquier chacarero que hoy es dueño de 400 hectáreas es un tipo que tiene mucha guita. Muchísima.

El campo se hizo odiar, comprándose departamentos como quien compra zapatillas o cambiando la súper camionetota de lujo cada 6 meses, pero el campo sigue haciendo lo mismo, sigue comprándose todo lo que no le hace falta. Y el que paga las consecuencias de todas las últimas reacciones del gobierno es la clase media. Porque, por si no lo sabés, Cristina, el campo tiene resto. Puede esperar. Puede esperar cinco años. Diez. Puede esperar toda la vida, porque el campo tiene millones de dólares guardados. La clase media no los tiene, ¿no pensaste en eso?

Si vos, Cristina, me dieras a mí un millón de dólares, solo un millón de dólares, no me digas que no los tenés, sacalos como venís haciendo del Ansés, antes la plata del Ansés se la metían en el bolsillo Clarín y Constantini, uno para seguir engrosando su imperio y el otro para viajar a punta, hacerse fotos en la revista Caras, comprar torres en puerto madero, cuadros de la bigotuda Frida Kahlo y construir mega emprendimientos como Nordelta y ese tipo de inversiones personales. Y ahora la plata del Ansés la usas vos con fines igual de perversos, alimentando ese aparato político que es La Cámpora, que es tan detestable.

Entonces vuelvo, si vos me dieras un millón de dólares y de inmediato me pusieras mil trabas para hacer lo que sea con ese dinero (comprar una casa o irme de vacaciones o cambiar el auto porque de lo contrario deberé soportar el peso de todos los nuevos impuestos populares e inclusivos que con tantos bombos y platillos vivís enunciando), yo esperaría. Agarraría ese millón de dólares y lo iría cambiando muy pero muy de a poco, y viviría una muy cómoda vida en “stand-by” mirando por TV como se destruye el país y como se cagan a cachetazos entre todos, que es lo que precisamente en este momento están haciendo aquellos que tienen la plata guardada, que son los que hacen que el país se mueva y que son los malnacidos y desagradecidos ventajeros que siempre paran todo hasta nuevo aviso, víctimas de un severo ataque de egoísmo.

Con 1 millón de dólares, una persona puede vivir 40 meses gastando veinticinco mil dólares por mes.

Con 1 millón de dólares, una persona puede vivir 100 meses gastando solo diez mil dólares por mes.

100 meses son 8 años y medio.

Mi condición de ciudadano de clase media hace que no pueda imaginar el estilo de vida que llevaría si pudiera gastar diez mil dólares por mes durante 8 años y medio.

Entonces me pregunto: Si yo, que soy un simple gil de cuarta que jamás entró en una universidad, que soy un simple pelotudo de clase media que lo único que hace es intentar subir escalones que cada vez son menos “escalables”, que hace mucho, mucho tiempo que no puede siquiera comprarse un par de zapatillas sin tener después que lamentarlo por varios meses, y que lo único que hace con la poquísima plata que le entra es pagar impuestos atrasados; se da cuenta de esto, ¿qué debería quedarle a aquellos que gobiernan el país?

¿Vos en serio suponés que todo esto que estás haciendo nadie se da cuenta de que es mentira?

¿Vos realmente creés que nadie se dio cuenta que “la ayuda” que el otro día le mandaste a Scioli en realidad está encubierta de una condición terrible que le pusiste que ya se sabrá en breve?

¿Qué estás haciendo con tus nuevos 4 años de mandato, Cristina?

¿Vos suponés que el campo se va a cansar de guardar la plata en el colchón y que va a salir desesperado a moverla? 

¿Tenés una noción del tiempo que se necesita en stand-by para gastar diez millones de dólares?

¿Sabés cuántas veces desaparece de la faz de la tierra un ser de clase media mientras un rico no invierte en el mercado diez millones de dólares?

¿Vos y Víctor Hugo realmente creen que esa pesificación de 3 millones de dólares que hiciste cayó bien vista entre la gente de clase media?

¿Realmente suponés que nosotros, la clase media, no sabemos que tenés muchísimos más millones de dólares que los que pesificaste, al punto de compararse con la nada misma?

¿Cómo imaginás el 2013 en estas circunstancias que estás planteando?

¿Cuánto suponés que aguanta la clase media en estas condiciones?

Hace dos años que estoy trabajando al 40% de lo normal y el costo de vida se duplicó.

Hace un año entero que ya no sé de qué disfrazarme.

Y mientras no encuentro el disfraz te escucho, lo escucho a Víctor Hugo, lo escucho a Biolcatti. Lo escucho a Kicillof. Lo escucho a Randazzo y a Abal Medina, que es el ser que más gracia me da del mundo entero. 



















Y nada cambia. Y todo sigue igual.

Y mientras todo esto ocurre, pago la nafta $ 6,40, pago impuestos el doble de caros que hace un año y compro comida, que es para lo único que me alcanza la plata desde hace más de un año.

Tenés que entender que no creo una sola palabra de lo que está sucediendo.

Sabé que no confío en vos y que extraño con gran nostalgia la época de tu marido, que era un tipo que no me gustaba pero que al menos llevaba al país como corresponde.

Esto que estás haciendo vos es un mamarracho absurdo que no conduce a ningún lado.

Bah, sí que conduce, conduce al estallido social, que llegará en algún momento, cuando la clase media no pueda seguir bancando económicamente a la clase baja y todo el mundo se cague bien a piedrazos en las calles mientras vos y Biolcatti lo miran por tv, sentados en mullido sillón de estilo francés.