lunes, 15 de abril de 2013

Plata Dulce





Cuando Leonardo Fariña apareció hace un par de años de la nada misma refregándonos a todos en la cara sus inexplicables posesiones, debo admitir que me dio bronca. Pero no la que usted piensa, que seguro supone que sentí “envidia” o algo de eso, no. Bronca. Bronca porque ni bien apareció, de ningún lado y en un Ferrari negro pidiéndole matrimonio a Karina Olga, me dije: “este debe tener algo que ver con las matufias del gobierno”. Y ¿por qué pensé de inmediato en esa única opción? Porque, como pasa siempre en nuestro país, cuando un tipo de golpe es multimillonario sin posibilidad alguna de demostrar sus fastuosos ingresos y no sólo no va preso sino que, por el contrario, continúa refregándonos en la cara sus viajes, sus relojes, sus autos, sus pisos en Madero y sus excesos desmedidos, es porque ése tipo lava plata del gobierno.

Pasó siempre. Viene de la época del hermano de Evita, se hizo una película con eso. Juancito Duarte terminó muerto de dudosa manera por exponerse como lo hace hoy Fariña.



En la época de Menem también pasó. Y pasó mucho. Con varios. Con Lourdes Di Natale, por ejemplo, cuando se vio excluida de golpe en la habitual repartija y vomitó todo, despechada, dejando a Emir Yoma en clarísimo off-side. Pobre Lourdes, no lo soportó y terminó suicidándose tirándose de un décimo piso justo cuando faltaba poco para que declarase encontra de su ex jefe. Incluso parece que, una vez lanzada al vacío, se arrepintió de suicidarse porque quedaron cables arrancados de donde intentó tomarse, y sus uñas marcadas en la pared, como quien intenta desesperado no perder la vida. Contradicción.



Y apenas Néstor comenzó con su gobierno, de inmediato aparecieron los que ponían la cara: Lázaro Báez y Cristóbal López, seguidos muy de atrás y con desparpajo por un impresentable Rudy Ulloa que, desde que la etapa K existe, sabemos que son los testaferros señalados de Néstor y Cristina.




Y todos sabemos –por supuesto que no tenemos pruebas, como bien solicitan todo el tiempo los amantes de este gobierno- que Lázaro Báez salió de la nada, de adentro de un Banco donde Néstor depositaba de joven en su cuenta de abogado. Como sabemos que Rudy Ulloa fue el chofer de Néstor o como que Cristóbal López era un transportista de petróleo muy amigo de Néstor y su hermana, que de golpe construyó casinos por toda la Argentina. Lo sabemos. Porque no somos idiotas, porque tenemos el mismo cerebro, las mismas dos manos y el mismo par de piernas que ellos y vivimos en el mismo país. Y tenemos la edad suficiente para saber, sin lugar a debate alguno, que nadie puede hacerse millonario de esa manera viniendo de donde vienen generalmente este tipo de personajes siniestros, de la nada misma. Lo sabemos.

Ni bien Menem dejó el gobierno, se corría el rumor de que había acumulado más de diez mil millones de dólares entre coimas y tranfugueadas diversas con sus testaferros a cargo de las matufias. Se decía incluso que la suma total recolectada eran 20 mil millones. Que diez mil se había quedado Menem y diez mil se repartieron entre sus cinco o seis colaboradores y amigos más cercanos. Sin hablar por supuesto del resto, de los que vienen inmediatamente por debajo. Por lo que, si esto fuese cierto y por cómo se estructura la pirámide de poder en estos casos, estaríamos hablando de que en la época de Menem se repartieron por lo menos entre 50.000 y 100.000 millones de dólares entre favores, licitaciones adjudicadas engordadas y sin trasparencia alguna, coimas, trueques, pitos, flautas. Porque como bien dice Leonardo Fariña en la entrevista a cámara oculta que le ofreció a Jorge Lanata, nosotros, los que estamos afuera, no tenemos “dimensión” de la estructura que arman los presidentes en el poder para poder hacer de las suyas. Cualquiera que se pusiera a pensar en serio en lo que planteo se daría cuenta de que no exagero. Si aquel que está sentado arriba en la pirámide se lleva diez mil millones y los cinco o seis que están inmediatamente debajo se llevan otros diez mil millones, imagínense cuántos Leonardo Fariña habrá en el camino hacia la base de la pirámide, que aceitan y disfrazan y licúan y transforman y llevan y camuflan y aparentan y dan vuelta y acomodan y tergiversan millones y millones y millones de dólares para que, finalmente, el de arriba de todo y luego de 10 años de gobierno, pueda irse a la cama con la tranquilidad de haber recaudado diez mil millones de dólares vaya uno a saber –y esto jamás lo entenderé- para qué carajo.




Por eso me dio tanta indignación cuando Cristina, tiempo atrás, señaló muy patriótica que haría caso a las palabras de Víctor Hugo, que le había recomendado por radio a los políticos que pasaran a pesos sus ahorros en dólares, para pregonar con el ejemplo. Porque realmente solo un necio obsecuente y ciego habrá visto esa acción como patriótica u honesta o revolucionaria. Porque dan asco. Da asco Cristina. Da asco Menem. Da asco Néstor. Porque al menos Menem, y esto lo digo siempre, fue un cara dura importante que se pasó por las pelotas lo que pasaba con su pueblo y su gobierno, y solo le interesó por siempre su patrimonio personal. Pero siempre lo demostró con sus gestos y acciones, de frente manteca. Menem fue un cara dura y se comportó como tal.

Y ahí es donde el matrimonio Kirchner hace la gran diferencia, por lejos y quedando por siempre en nuestras memorias. Porque se manejan de esa manera vil, haciéndoles ver a un segmento joven de la sociedad que son gobernantes que no dormirán hasta que el último niño quede al resguardo, o que se quedarán pelados de tanto luchar contra los monopolios, las corporaciones y los egoístas ricachones del campo mientras lo único que hacen, desde que se sentaron en el trono, es acumular dinero “por kilo”, como hiciere cualquier otro gobierno corrupto que dejare al país en el estado que lo dejó mientras de vez en cuando hacen "una bien", en claro jueguito para la hinchada.

Entonces volvamos, volvamos a foja cero y continuemos con esta nueva historia que nos cuenta Jorge Lanata.

Un “joven empresario”, como le decían en las revistas del corazón, a bordo de un Ferrari negro se casó con Karina Olga Jelinek y nadie sabía de dónde había salido ni por qué tenía la plata que tenía hasta que al torpe jovencito se le terminó la joda o se le acabó la plata o se peleó con quién le suministraba el suculento buen pasar o lo que coño haya sucedido. Como con Juancito Duarte. Como con Lourdes Di Natale. Y se enojó. Porque estas cosas revientan en un segundo. Y se despachó, envalentonado y sin saber que tiene los minutos contados. Y aún no sabe que lo mejor hubiese sido recluirse en un pueblo perdido del norte de la frontera con Bolivia y desparecer de la faz de la tierra con los pocos dólares que pudiere no haber mal gastado. Pero ya sabemos por lo que vimos anoche que no es el caso de Leonardo Fariña, que salió hecho una fiera a vomitar todos los chanchullos que Lázaro Báez le había encargado cuando a éste se le terminó el negocio con el anterior Fariña, vaya a saber por qué motivo.

Y ahí están ellos. Todos escrachados. Todos con los minutos contados. Todos con diarrea, con acidez y con presión alta. Escondidos en sus mansiones con el panic-attack incinerándoles el pecho y la adrenalina arruinándoles la ropa.

Y acá estamos nosotros, con una crisis económica pocas veces vista, donde la clase media está desapareciendo mientras Ernesto, el dueño del galpón donde guardo mi auto, puso un papelito al lado de la ventana aclarando que a partir de este mes aquel que no pagare del 1 al 10 el alquiler de la cochera deberá abonar $10 por día de retraso, porque mucho más de la mitad de sus clientes no le pagan la cochera a término porque no tienen los $600 que Ernesto cobra por el servicio. Mientras mañana tendré que ir a mi Obra Social a reingresarme, porque estuve cuatro meses sin poder pagar la cuota y me dieron de baja hasta que mi mujer hizo un plan de pago con su tarjeta para que no me quedara sin cobertura. Mientras no podemos más que pagar el alimento, olvidándonos, hasta que este gobierno termine, de comprar ropa, por ejemplo.

Ojalá que Leonardo Fariña no aparezca muerto en la vereda del edificio donde vive porque se lanzó al vacío como Lourdes Di Natale, así podemos terminar con esta investigación, que seguro necesitará confirmar sus dichos delante de un juez.

Ojalá que Lázaro Báez pague todas sus deudas con el fisco y vaya preso por los 9 años que debe.

Ojalá que Cristina, en caso de confirmarse todo esto, renuncie y se presente ante la justicia como una ciudadana más, pero no creo. Cristina seguirá en su ardid indecoroso por destrozar todo y acaparar todo lo que pueda a su paso, de la misma manera en que Menem lo hizo, solo que con la hipocresía de mostrar otra cosa.

jueves, 7 de marzo de 2013

Mi planta de limones tardíos






Tengo 40 años y hace de los 17 que trabajo. Terminé quinto año en una escuela técnica de a la vuelta del laburo y ese primer año trabajaba de uniforme escolar, así que comencé a laburar meses antes de terminar el secundario. Igual, en ese primer laburo no me fue bien, era muy pendejo y me la pasaba tocando la guitarra e invitando amigos con quien poder hablar al pedo y ¿la verdad?, no tenía puta idea de qué quería de mi vida, había visto una oportunidad, detestaba estudiar y lo mejor era empezar a laburar, como sea. Para colmo, aun no lo sabía en aquella época, debería esperar hasta cumplir 32 años para entender qué quería de mi vida, patear el tablero y ponerle los puntos sobre las íes a todo el mundo, pero no me quejo. Hay quienes lo descubren antes, hay quienes lo avistan después. Y hay quienes no lo ven nunca y mueren sin saber qué hubieran querido hacer con sus vidas.

Y en todos estos años de trabajo hice de todo, desde vender cañitos de cortina de baño y chapas fraccionadas hasta repartir mercaderías como viajante por el interior del país. Y el país tuvo todos los matices que pudo, con inflación, sin ella, con el dólar estancado en un peso. Con las privatizaciones. Con el corralito.  Con Alfonsín. Con Menem. Con De la Rúa. Con Duhalde. Con Néstor. Con Cristina.

Al comienzo del gobierno de Menem, esa época que veíamos dorada y que no vislumbrábamos, estúpidos o sedados, el negro descenlace futuro, mi labor era llevar chapas de aluminio, de dos a tres veces por semana, a los carroceros de colectivos de larga distancia, que estaban diseminados a las afueras de Rosario, generalmente enclavados en Villa Gobernador Gálvez, y que empleaban a miles de operarios que luego llevaban el sustento a sus familias y todos contentos. Villa Gobernador Gálvez vivía gracias a estas grandes fábricas de colectivos de larga distancia.

Y ese laburo me encantaba, siempre me gustó andar por la calle. Cargar la chata con las chapas y saber que tendría por delante al menos 3 horas para ir y venir escuchando música en lugar de estar en la oficina preparando pedidos o atendiendo el teléfono. Era genial.

Pero lo que más me gustaba era llegar a estas enormes empresas, que tenían barrera y garito de seguridad. No podía pasar cualquier boludo. Te tenías que anunciar en la entrada, como en las películas. Y un guardia te abría si ya te junaba, o preguntaba por interno si tenías o no habilitado el paso. Y yo me sentía re importante llegando con la F-100 y que los guardias me abrieran la barrera sin siquiera hacerme frenar el paso, saludándome con alegría.

Y pasar la barrera y manejar por las callecitas internas del predio, flanqueado por masivos galpones infestados de tipos que iban de acá para allá con auriculares de protección y esos zapatotes de punta de acero, todos disfrazados de porteros. O los Clarks, que iban y venían meta “píii-piíii” avisando la reversa. Las cargadas de los operarios al verme pasar, que me gritaban, saludándome con una mano en alto: “¡Juan, ¿con qué mano me hacés la paja?!” siempre el mismo chiste boludo. Y siempre nos reíamos.

Después descargar las chapas, hacernos leves cortes en los dedos con el filo sin darnos cuenta hasta que el jabón arenoso nos develaba el secreto por el dolor y el ardor que nos produciría al meterse dentro de los tajos.

Ir a las oficinas de “Compras”, charlar con la telefonista, con quien teníamos toda la onda y esperar junto a otros proveedores que nos atendiera el “gerente de compras” o, en su defecto, el “sub-gerente de compras”. Ser recibidos y que el tipo nos preguntara si queríamos tomar algo y después llamar al mozo por intercomunicador. Y cuando venía el mozo…, ¡vestido de mozo!, ¡y con bandeja!, era genial. Qué época genial. Cuánto trabajo que había… Increíble.

Después todo se fue a la mierda. Menem dejó entrar al mercado los colectivos brasileños, los Marcopolo, y las empresas argentinas se fueron cayendo como en un gigantesco dominó, de golpe. Y en un ratito. Creo que no fue más de un año. Aquello que funcionaba a la perfección desde hacía medio siglo y que mantenía aceitado el ritmo de vida de miles de personas, a la mierda con una firma y una coima. Cientos de trabajadores a la calle. Decenas de proveedores prendidos de deudas incobrables. Peces gordos de pronto insolventes y rajados al exterior. Vacío. Silencio. Sorpresa. Muerte.

Aunque no tuvo el problema de otros proveedores, mi padre nunca se recuperó de la estocada. Si hay algo que hizo bien en su vida fue, esa única vez, saber correrse a tiempo. No sé cómo fue que lo advirtió, porque no es una persona muy advertidora que digamos, más bien es medio tiro al aire, medio inconsciente para los negocios. Así que ésta no lo agarró. Después lo agarrarían otras, las más importantes: la falta de comprensión de que la vida no sería la misma y la testaruda decisión de mantener un estilo de vida que se había escurrido entre los dedos el día del fatidico y anunciado derrumbe para no volver nunca más.

Pero al menos no quedó prendido. Hubo otros proveedores que sí quedaron pegados. Y quedar pegados de una deuda de una empresa fabricante de colectivos de larga distancia era hablar de tener un cheque sin fondos por un importe con seis ceros… Así que no sólo cerraron las fábricas de colectivos, también cerraron muchos comercios que proveían materiales. Hubo un caso, por ejemplo, del que no voy a dar el nombre pero era una empresa muy pero muy grande, vieja y respetada de Rosario, que tenía tres socios. El accionista mayoritario, terminó vendiendo fraccionado aquello que vendía por toneladas en un localcito un poco más grande que un maxi-kiosco con uno sólo -el más leal- de las decenas de empleados que tenía cuando, meses atrás, para entrar a su despacho había que anunciarse en portería y atravesar dos secretarias y un contador. El segundo socio en importancia terminó yéndose a Entre Ríos, a hacer changas como electricista. Viajaba una vez cada tanto a Rosario en colectivos de larga distancia Marcopolo para ver a los hijos, ya que la hecatombe asesinó su matrimonio. El tercer socio terminó de peón de albañil. Nunca más supe de él.

Y el mismo destino alcanzó a los deudores. Aún recuerdo a los dueños de las fábricas de colectivos, tipos que tenían chofer y que quizás, si había viento a favor, algún día podría ocurrir que se cruzaran en nuestro camino por algún pasillo para luego tener la anécdota, para contar que los habíamos visto. O junarlos de lejos, inabordables, en alguna fiesta de fin de año organizada por su empresa. Eran tipos intocables.

Eran, ya no más.

Uno de los más grandes alquiló un galpón en donde, por los siguientes veinte años y hasta la actualidad, metería con mucho cuidado y haciendo fuerza un solo colectivo por vez y, contratando cuatro operarios, se pondría a reparar bondis siniestrados, chocados en ruta o con algún problema serio de carrocería. Todavía sigue haciendo lo mismo. Y, como dije antes, de esto ya pasaron veinte años. 

Otro se murió, ni sé en qué condiciones, ya le había perdido el rastro hacía rato.

Y después está la empresa más grande, con la que teníamos la mejor onda, la que una vez que hubo una inundación nos pidió prestado nuestro local (que era enorme al pedo) para guardar algunos chásis cero kilómetro aun no utilizados hasta que en Villa gobernador Gálvez bajase el agua. Y un día vinieron a estacionarlos al negocio, entraron siete, creo. Ya no recuerdo.

Ésta empresa era de un hombre grande que tenía dos hijos, y que murió unos años antes de la debacle. El varón, ingeniero industrial y próspero mandamás de la compañía recién heredada, terminó yéndose a dar clases a una universidad en España. Ahora tiene un bar allá, y no va a volver. Está separado. Su hermana, la otra heredera, sigue en Rosario y su marido, ex “gerente de compras” de la importante compañía de su suegro, fue bajando de niveles como en un juego dificilísimo hasta la actualidad, en que el otro día apareció por mi taller en una moto Gilera bastante vieja, berreta y desvencijada, para preguntarme si yo podía arreglarle unas ventanas de un vagón de tren que había enganchado para reparar como changa, en sociedad con otro ex pez gordo del rubro, también venido a menos que menos que menos.

Traía una mochila, como si fuese un chico cuando es un hombre de cincuenta y pico de años, y al pasar por el limonero que tengo en el jardincito de la entrada al galpón, se quedó sorprendido, no imaginaba que tuviera una planta tan grande de limones. Luego hablamos del mísero trabajo que le tenía que hacer y se fue, preguntándome cuánto le faltaban a los limones para estar maduros. Yo miré los frutos y no supe contestarle, porque cuando da, da una barbaridad, tenés que salir a regalar porque larga como quinientos todos juntos, pero por ahí se demora, tiene las ramas llenas de limones pero siguen verdes y no amarillean rápido.

De esa vez al día de hoy pasaron solo dos meses, y el ex “gerente de compras” y yerno del pez gordo más grande del rubro “fábricas de ómnibus de larga distancia” que había en Rosario, que diera trabajo a cientos de operarios y que en su época de esplendor hacía entre 40 y 50 colectivos por mes ya pasó tres veces con la moto y la mochilita, pero no para traerme más trabajos, no. Pasaba para ver de llevarse algunos limones.

Y aún no se pueden arrancar. Siguen verdes.

Igual, él no tiene apuro. No tiene mucho que hacer, así que seguirá pasando una vez por semana. Quién sabe un día se pueda llevar unos cuantos.

viernes, 25 de enero de 2013

Mini Editorial al paso



Argentina Cambia, asediada sin respiro por una frondosa catarata de desesperantes “hipotéticos” leídos recientemente en diario Perfil, se pregunta qué tendrán en la cabeza aquellos que “estarían pensando” el retorno de Mario Firmenich de la mano de la Cámpora, a la vez que se pregunta por qué razón delirante el propio Mario Firmenich “estaría evaluando la posibilidad de volver al país”, o también con qué torpe interés Mario “habría mandado a investigar en qué situación se encontraba en la causa del asesinato de Rucci que lo tiene exiliado cuando, envalentonado por la nostalgia y la insoportable añoranza “habría comenzado” a contemplar volver de la mano de algunos políticos K, como el caso de la diputada del Frente para la Victoria, Adela Sagarra o Carlitos Kunkel, que lo “habrían visitado” en Madrid para comenzar a preparar el retorno de este inescrupuloso sorete mal cagado.

Argentina Cambia se pregunta cómo puede ser que haya dos hijos de este sorete mal cagado encumbrados en sedes de la Cámpora, uno en Mendoza y otro en Córdoba, cuando, por una cuestión pura y exclusivamente de respeto hacia los jóvenes montoneros muertos en “combate” por luchar por esa causa de los setenta que lo único que dejó fue un tendal abusivo y obsceno de muertos, un golpe militar violento como ningún otro y una larguísima etapa de genuflexión obcecada a EEUU de la que muy de a poco estamos saliendo mientras, tanto Mario Firmenich como su socio Rodolfo Galimberti, “corajudos baluartes” a los que los jóvenes montoneros entregaban sus vidas, en realidad, cuando la cosa se les puso peluda, se piantaron con el culo chorreando diarrea a exiliarse a España para luego hacer millonarios convenios con Massera y vivir por décadas vidas de ricos con la plata para “comprar armas y mantener el ejército Montonero” que les fue quedando de los secuestros a empresarios poderosos que sus soldados ejecutaron dejando a veces la vida en ello.

Argentina Cambia  se pregunta por qué razón Felipe Pigna, ese historiador tan serio y cautivante que lograre hacer que los más chiquitos se interesaren por la verdadera historia argentina haya viajado a España a entrevistar a este sorete mal cagado y lo haya presentado en aquella entrevista como lo hizo, dando a entender que todos estábamos equivocados con la opinión que teníamos de este sorete mal cagado, como si no hubiéramos vivido en este mundo o como si fuésemos todos retrasados mentales a los que hay que decirles lo que en realidad pasó, para que lo entendamos, porque por nuestros propios medios seríamos incapaces de vislumbrarlo.

Argentina Cambia  espera con fervor que, tanto Mario Firmenich como Carlos Kunkel, Guillermo Martínez Agüero, Adela Sagarra, Andrés Larroque, Felipe Pigna y los hijos militantes del sorete mal cagado, Facundo y Mario Javier, se queden todos a vivir en España con el propio Mario, y que le hagan asados, le jueguen al truco, le lleven kilos de dulce de leche y yerba Taragüí, bochas, un balero y alfajores Jorgito, así el sorete mal cagado deja de añorar volver, el grupo de delirantes que promueven su vuelta deja de promoverla y seguimos sin contar con su nefasta presencia en este país que, lo que menos necesita -menos, menos- menos que nada en el mundo, es que Mario Firmenich tenga un nostálgico retorno lleno de vítores e indignos agasajos.

Argentina Cambia  espera fervientemente que esta noticia sea solo una broma o una de las continuas estupideces a las que nos tiene acostumbrado el diario Perfil.

La redacción.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Navidad llegó



Termina el año. Termina, finalmente. Un año de locos que hacía mucho no veía. 




Un año lleno de peleas. Un año plagado de estupideces. Un año con algunos logros, pocos. Muchos menos logros de los que uno esperaba cuando Cristina asumió este tercer mandato kirchnerista que tan distinto fue al que uno imaginaba y donde la prepotencia montonera de nuestra presidente y de todos y cada uno de sus colaboradores se amplificó hasta el absurdo, siendo testigos de las palabras de Guillermo Moreno, cuando sutilmente les dijo a los manifestantes que se metieran las cacerolas en el orto. O Abal Medina, ese alienígena que maneja la secretaría de gabinete, con su desubicado “córtenla con eso” en sesión de diputados, o su “¿qué esperaban de ésta cámara de mierda?” refiriéndose a la última decisión a favor de Clarín.

O los palos al pedo de Lanata hacia Cristina, colgándose de esa teta virtual e inventada que todo el tiempo muestra, al pedo, como si no hubiera de qué hablar. “Chicos, estamos en Harvard y no en La Matanza” es un claro ejemplo. Cristina acababa de señalar que no había cepo cambiario alguno y terminaba de defender su exuberante e indignante enriquecimiento ilícito señalándose como una “abogada exitosa”, pero vamos a pegarle por la estupidez de Harvard-La Matanza, vamos a presionar sobre eso, que es irrelevante, no conduce a ningún lado y está absolutamente sacado de contexto. O cuando se metió en el hotel donde Cristina estuvo alojada en New York, señalando que una hamburguesa costaba 32 dólares o una banana 15, mientras hacía mención muy por arriba al costo de esa cartera desmedida y poco revolucionaria que sí se compró cuando no correspondería siendo como dice que es: una vengadora de los más necesitados a la que le quita el sueño la inclusión social. ¿Qué espera Jorge Lanata? ¿Qué un presidente se aloje en un hostel con baño compartido? Vamos, Jorge… ¿Qué ha pasado contigo?



Recuperamos la Fragata Libertad pese a Griessa, pese a los putos fondos buitres, pese a la torpe oposición, que se aferró al tema de la Fragata como si no hubiera miles de asuntos pendientes que sí merecerían luchar por intentar resolverlos. Qué triste que es saber que no existe oposición política en este bendito país.



Llegó el 7D y así como llegó, se fue. Cientos de miles de argentinos salieron a manifestarse a favor de Héctor Magnetto junto con los políticos de la triste oposición, que los arengaron a que se manifiesten, cuando lo más prudente hubiera sido dejar pasar esa fecha y salir a manifestarse más adelante para no quedar pegados apoyando a un ser vil, mafioso y ambicioso, mucho más peligroso que nada en este país, que manejó por mucho tiempo los destinos de la patria y que hoy está dando los más delirantes manotazos de ahogado que la historia argentina y el periodismo tengan memoria.



O el caso de Marita Veron, donde acaban de dejar en libertad a sus captores y proxenetas por una vomitiva coima y nadie hace nada de nada mientras la ley sobre la trata de personas (se acuerdan ahora, parecen chicos) estuvo cajoneada más de un año y medio a la vez que, con gran hipocresía, homenajeaban a Susana Trimarco con un merecido premio “Néstor Kirchner”.



O Amado Boudou, que ahora tiene un abuelo rico que vendió unos campos en Paraguay y le dio toda la plata que le sobraba y por eso nuestro vicepresidente tiene la plata que tiene, no porque es un mentecato corrupto que se abrazó a Ciccone y se aprovechó de nuestra ineludible obligación de cambiar el DNI, como en su momento lo hiciera Carlos Menem con la ineludible obligación de cambiar todas las patentes de los autos, mientras las ovejas descerebradas (nosotros) perdemos un día de nuestras vidas haciendo la cola para pagar los $50 que sale el nuevo DNI que imprime Ciccone por más que nuestro viejo documento esté en perfectas condiciones, de la misma manera que en los 90 fuimos como las mismas ovejas descerebradas que somos a pagar $84 para cambiar la patente de todos nuestros vehículos...



Finalmente los Callejeros van en cana. Hacía años que quería ver eso. Ver a Fontanet preso, de una vez por todas. Esa “banda de rock” que se aprovechó de su terrorífica fama sacando a la venta un desesperado e inmediato disco para aprovechar el bondadoso viento de cola que les dejaron los cuerpos humeantes de 194 víctimas que aun seguían tibios, que vendió (esto es lo más desagradable) miles y miles de copias con una rapidez sin igual. Recuerdo incluso que el disco era carísimo porque tenía un “arte de tapa distinto”. Años esperando que pagaran su justa condena. ¿Es el tiempo que les correspondería? Seguro que no. Pero están presos, que no es poco. Lamento no poder decir lo mismo de Aníbal Ibarra, el más irresponsable de todos, pero vivimos en este país, que espero que algún día cambie.



El tema de Once, tan deplorable, cuando Juan Manuel “ET” Abal Medina salió a decir que “el pueblo argentino tiene que entender que el gobierno estuvo presente” mientras la realidad lo aplastaba como a cualquiera de los muertos en el accidente. ¿En qué quedó eso? ¿Ya está? ¿Ya pasó? ¿Los Cirigliano, Jaime y Schiavi fueron en cana o sólo dijeron que iban a ir en cana? Son dos cosas distintas, cuidado.



Y el último cachetazo torpe de fin de año: Los saqueos… me pregunto de qué organización política estaban esperando órdenes los futuros saqueadores ese día a la mañana, codo a codo frente a los lugares que saquearían prontamente mientras la policía los vigilaba escopeta en mano. Me pregunto, también, de qué alto mando llegó la orden para movilizar a los policías antes de que los saqueos ocurriesen y de dónde éste alto mando recibió la información. En “La Palangana”, mi revista de Facebook (www.facebook.com/lapalanganaweb) se armó un aguerrido debate con una lectora que defendía a los saqueadores apoyando la teoría de un bloggero K llamado Federico Soria (http://federico-soria.blogspot.com.ar/2012/12/saqueos-en-bariloche-quien-es-el.html) , quien luego de un concienzudo (y testarudo) estudio de investigación, llegó a la conclusión de que los desmanes ocurridos en Bariloche son producto de la desidia y de la falta de gobierno de su intendente, que sabía que esto ocurriría y así y todo se las tomó y que se maten, para luego señalar, en un párrafo exquisito que no tiene desperdicio y que lo pinta de cuerpo entero, que aquellos que opinan que los saqueadores son simples choros encapuchados de alguna organización política, son:

aduladores extremistas del simplismo pragmático, que siempre aparecen por doquier como hongos después de la lluvia; y ante sucesos como estos, de una complejidad social que requiere un análisis concienzudo que va más allá de la mera interpretación política, sólo atinan a respuestas autómatas que no sólo no aportan a ninguna solución, sino que contribuyen a remarcar, mediante el uso exacerbado de la violencia verbal, las diferencias sociales que parecieran volverse cada vez más infranqueables en una sociedad tan pacata e hipócrita como la de Bariloche

, haciendo que verdaderamente me dé caspa de indignación.



En fin, todo eso pasó. Así que no sé qué decir de este 2012 que está terminando.

Lo que sí sé es que ansío un 2013 sin Montoneros. Sin la Cámpora. Sin Magnetto. Con Boudou renunciando mientras es alcanzado por un justo juicio político que lo devuelva de un trompis a su lugar en este mundo, que es pasar música en los boliches de la costa.

Me gustaría mucho que Abal Medina dé un paso al costado. Cualquier funcionario es mejor en su puesto. Abal Medina es el colaborador más remplazable del mundo. El loro Roberto de mi tía Cecilia sería mucho mejor en ese puesto, ya que haría las mismas pelotudeces pero el costo por mantenerlo sería sensiblemente menor: Un poco de agua en una tacita, mijo o alpiste, un fierrito ornamentado donde poder treparse y una bandeja metálica en el piso para juntar la caca. No más que eso.



Me gustaría mucho que los barrabravas fueran en cana de una vez por todas, que desaparezcan las mafias del fútbol. Que Grondona renuncie y que no lo sucedan ni sus hijos ni ningún otro mafioso que venga detrás.

Me gustaría que Tinelli agarre toda la plata que tiene y se compre una isla en Grecia, ahora que justo están en oferta, y se vaya a disfrutar de todo lo que consiguió. Ya es un tipo grande y lo merece. Sobre todo nosotros lo merecemos, sería un vendaval de aire fresco inundando las pantallas de TV del país.

Me gustaría que la ley de medios comience a florecer y poder ver las noticias sin estar teniendo en cuenta quiénes las dan. Me encantaría poder ver 6 7 8 sin prejuicios y disfrutar del Lanata objetivo de los noventas que no exagere al pedo donde no hace falta.

 
Pero lo que más me gustaría, lo que realmente llenaría mi corazón de regocijo y espíritu navideño como nunca jamás en mis cuarenta años de vida, sería que Cristina Fernández de Kirchner, sus colaboradores y todos los militantes kirchneristas hicieran de una vez por todas y en serio ese análisis concienzudo que va más allá de la mera interpretación política, ya que la complejidad social que sufren los no-incluídos lo requiere. Y dejen de una vez por todas de señalar esa mera pelotudez sin tomar reales y tangibles cartas en el asunto.



En fin, todo eso me gustaría.

Así que Feliz Navidad para todos y todas. Pásenla bien. Pásenla solo con quiénes merezcan su compañía.

Juan Pablo Scaiola.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

No voy, pero iré.





Hace más de dos meses que se está construyendo una marcha por la “libertad de expresión” para que mañana, 8 de noviembre, salgamos todos a la calle y así reclamar por nuestro derecho a ser escuchados. Se la llama el “8N”, en clara alusión competitiva al mote puesto por el gobierno del próximo 7 de diciembre: “7D”.

La idea es que nos congreguemos todos aquellos que estamos disconformes con este gobierno, para reclamar por un sustancioso cambio. O directamente para que Cristina renuncie y se vaya. 

Y si me pongo a hacer cuentas, tengo muchos cuestionamientos para con este gobierno. Muchos. Tantos que no cabrían en un solo editorial, y si los enumerara, lo más probable sería que usted dejara de leer y se fuera a seguir con sus labores cotidianos. Porque realmente estoy harto de este gobierno. Harto. Me indigna la prepotencia de Cristina, me enoja la Cámpora, me exasperan los ministros. Todos. Desde Abal Medina hasta Manzur, porque son todos unos necios lame carteras Louis Vuitton que están pasando un irrepetible momento en sus vidas y lo disfrutan a pleno. Encandilados de poder, levantándose todos los días con el solo fin de poder engrosar al mango sus economías hasta el último minuto en que se encuentren gobernando, sin tener nada que envidiarle a los ministros de cualquier otro gobierno corrupto que hayamos tenido en el poder. Porque son un asco. Porque se aprovechan de los humildes dándoles fútbol para todos, ese deporte de mierda que para lo único que sirve es para tener a la población pensando en otra cosa, sin un mango para pagar la comida mientras los jugadores de los clubes de sus amores viven vidas de millonarios tan pero tan cómodas e irreales que se pueden dar el lujo de salir un día a decir que no sienten que tengan nada para dar. Vergüenza debería darles.



Porque deseo verlos en cana, porque sueño con verlos presos, devolviendo cada peso que se robaron. Porque me apenan los jóvenes que creen en estos hipócritas gobernantes, porque falta muy poquito para que el encantamiento se desvanezca, porque no falta nada, porque a este ritmo, en menos de un año, los deleznables agujeros dejados por todos lados comenzarán indefectiblemente a hacer agua. Y yo estaré ahí, viéndoles apenado las caras a todos los ultra K conocidos, que tengo muchos, que evitarán por todos los medios mirarme a los ojos como si fuera un ser dañino al que le gustase meter un pucho encendido en la llaga cuando jamás se me ocurriría siquiera volver a tocar esos temas por los que nos distanciamos en fatídicas discusiones. Porque es muy feo equivocarse, es horrible. Y, sobre todo, es vergonzoso. Da vergüenza. Es como tirarse un furioso pedo delante de mucha gente y que no queden dudas de que fuiste vos. Y a mí no me gusta señalar a quien se cagó y avergonzarlo aun más. Ya tiene suficiente para remontar solo con un simple y chiquito “perdón, se me escapó” con la mirada clavada en el piso y a un costado como para que uno vaya y haga leña del árbol caído... No me gusta, porque no me gustaría que me lo hagan. Porque yo también tuve 25, y también me recontra equivoqué. Así que ahora, lo que más me apena de todo esto, es que los ultra K se chocarán de golpe con la realidad de que el Kirchnerismo no solo no es lo que parece sino todo lo contrario, y que se comporta de la misma manera que cualquier otro gobierno corrupto que hayamos tenido, pero con “discurso inclusivo”, que es lo que más me hiere, lo que más me indigna, lo que más me encoleriza, aplastando de esta manera a la clase media y sin joder ni un poquito a los ricos, para luego salir a señalarnos como quejosos sin fundamentos porque no podemos ir a Miami como si ese fuera el problema que tiene la clase media, que ya ni puede pensar en tomarse unas simples vacaciones en Mar del Plata en marzo.

Así que mire si tengo cosas para salir a reclamar… Tengo pila de cosas que ofenden mi inteligencia. Cada vez que Cristina dice su célebre frase “inclusión social” a mí se me retuercen las tripas. Cada vez que Estela de Carlotto sale a decir que aquellos que se quejan son nazis me da una tristeza enorme. Cada vez que Víctor Hugo sale a decir que la gente puede salir a quejarse de lo que sea pero que tiene que entender que la presidente también gobierna para el 54% que la votó y que si quieren un cambio se armen un partido, me sube la presión. Cada vez que Abal Medina habla de lo que sea, enloquezco de furia. Los gritos del otro día de ese diputado obsecuente que tildó a los socialistas de narcosocialistas, o el aprovechamiento del intendente de Venado Tuerto, que salió a decir que “no están dadas las condiciones de gobernabilidad en la provincia de Santa Fe” buscando desesperado una suerte de “golpe de estado provincial” para quitarse del medio a un gobierno que no comparte los ¿ideales? Kirchneristas, o Cristina, nuestra presidente hablándonos de manera campechana diciéndonos “córtenla” son situaciones absurdas, lisérgicas y surrealistas que me dejan en un estado de desconcierto y enojo fúlmines. Porque son unos hipócritas, y porque se aprovechan de cada cosa, sea esta viable o no, para seguir mintiéndole a la población con sus delirios.

Pero mañana no voy a asistir a ninguna marcha en reclamo de nada, porque mañana, aquel que salga a reclamar, reclamará para que no le quiten las concesiones y el poder a Magnetto. Y realmente, si hoy, 7 de noviembre de 2012, aun hay gente que no sabe que Magnetto es un ser vil con un poder escandaloso y único en el mundo, que desbancó gobiernos y que aumentó su poder en una escalada formidable desde Manem hasta el propio Néstor Kirchner, y que debe sí o sí ceder ese poder por una cuestión lógica de falta total de legalidad, entonces estamos fritos. Porque no necesitamos para nada apoyar a Magnetto para sacarnos a Cristina de encima. Magnetto necesita desesperado que le demos una mano. Y seguirá revolviéndose como una cascabel enfurecida hasta el 7 de diciembre. Y buscará por todos los medios persuadirnos de que Cristina es autoritaria, que Cristina es corrupta, que su séquito de secuaces son tan corruptos como ella, que nada de lo que está sucediendo con este gobierno tiene lógica alguna y que no hay un plan para nada.

Pero no necesito que Magnetto me diga estas cosas. Ya las sé.


Yo necesito que Magnetto también vaya en cana, porque quiero volver a leer un diario sin tanto prejuicio, porque en ningún otro país del mundo un solo tipo puede ser el dueño de los diarios, del papel, de las imprentas que imprimen los resúmenes de cuenta del banco, de los cables, de las radios, de los canales de aire y de cientos de cosas más. Porque lógicamente, en el planteo más tonto del mundo que se le hiciera a un nene de 5 años entendería que una persona que es la dueña de tantas cosas no tendría reparos en tenernos en un puño y se convertiría en lo que es: un ser despreciable que no parará hasta acaparar todo lo que su ambición desmedida desee hasta el día de su muerte.

Así que no voy a ir a ninguna manifestación mañana.

Eso sí. A partir del 8 de diciembre en adelante, cuenten conmigo para lo que sea.


Juan Pablo Scaiola.