lunes, 25 de julio de 2011

Provincia hipócrita

Anoche no dormí bien, me desperté varias veces. Me sentía mal, para mí que tenía algunas líneas de fiebre, pero poco, porque no estaba todo transpirado como cuando tengo fiebre en serio porque ¿vio que uno se da cuenta cuando se está por empezar a sentir mal?

Me picaba un poco la garganta. Y no es para menos, después de la detestable noticia de las 7 de la tarde de ayer no podía pretender otra cosa. Porque cuando algo me afecta mucho me bajan de inmediato las defensas y me engripo.

Pero no fue por estar todo el domingo suponiendo resultados, no. Porque un amigo con el que comí al mediodía después de ir a votar me señalaba que seguro que el petiso salía segundo y yo le decía que sería muy triste que eso pasara, que ni se me cruzaba por la cabeza que eso ocurra, que una cosa eran las internas y otra muy distinta eran las elecciones definitivas, que con eso no se jode y bla-bla-bla.

Y me imaginaba el escenario y me daba terror, el solo hecho de sospechar al petiso en segundo puesto me hacía poner la piel de gallina. Y era imposible que eso ocurriera así que lo descarté de mi cabeza. Sobre todo para poder comer el asado sin que me caiga mal, hace bastante que todo me cae mal y estoy medio susceptible, tantas pelotudeces están ocurriendo en este bendito país que ya ni comer sereno puedo.

Y a eso de las cuatro me volví a casa, estaba solo y necesitaba escribir algunas críticas de cine atrasadas así que llegué, me pegué un baño y me puse cómodo con la notebook a darle al teclado como un poseso. Y dos por tres abría La Capital, que ya mostraba el cuadro sinóptico con las 3 caras para gobernador y las 3 para intendente. Pero sin porcentajes, ya que aún no habían escrutado las primeras mesas. Insistí varias veces y nada. Los 3 en cero. Así que decidí dejar el diario tranquilo y escribir una crítica larga, de esas que me llevan un rato.

Y a las 19:35 me acordé y volví a abrir La Capital, que hacía rato no pispeaba. Y el diario, como si se tratara de un ser odioso sin ningún reparo, me refregó en la jeta esto:



Ahí debe haber sido que me bajaron las defensas, porque cuando algo que no me gusta me aparece de golpe me enfermo de inmediato. Creo incluso que hicieron ruido las defensas cuando cayeron al piso. Me quedé muy mal. No lo podía concebir.

Pero de inmediato miré las cantidad de mesas escrutadas y eran 14, así que intenté relajarme, dentro mío sabía que eso no era lógico y que seguro eran mesas escrutadas en el barrio de Santa Fe donde habría nacido este ser impresentable y que seguro que en los próximos minutos, diez o veinte a lo sumo, ese porcentaje bajaría como las agujas del manómetro de un tubo de oxígeno cuando uno abre la llave de paso.

Y continué con lo que estaba haciendo, pero no me podía contener. Quería ver la web del diario, quería quedarme viéndola estático para ser testigo cuando bajara ese desmedido porcentaje. Y a las 19:44, La Capital me alivió bastante, aunque insistía con mostrar números que, de manera caprichosa y sin fundamentos, se sumaban en la columna amarilla de manera implacable:



Igual no podía ser. Dejémonos de joder. Porque que el pelado haya clavado el 45 era lógico y justo, digamos. Pero yo seguía insistiendo en no aceptar ese 32%. Porque ese ser detestable no debería siquiera estar compitiendo. Y me quedé un poco más tranquilo y continué con mi vida. Y seguí escribiendo. Y le di más tiempo, porque parecía el hombre más ansioso del mundo mirando cada diez minutos a ver cómo iban. Así que decidí no mirar hasta las 20:30.

Pero no me aguanté y a las 20:23 volví a maximizar el diario y ahí estaba, otra vez, metiéndome un bate de baseball en el tujes:



Ahí estaba otra vez la cara de este petiso infecto sumando 38 contra 35. Y ahí sí me cagué en las patas. Yo creo que fue esa la que definió el estado gripal que poseo en este instante. Creo que me dolió de golpe la garganta y ya me puse muy mal. Y no me dieron más ganas de escribir nada. Tenía una película horrorosa para ver (Se llama “Cross”, no la alquile, es una basura atómica) así que me metí en la cama e intenté distraerme. Y cada veinte o treinta minutos iba a ver qué onda a la notebook porque soy medio mazoca, ¿sabe?, se ve que me gusta sufrir al pedo. Y el 38 del petiso bajaba, pero muy poco. Poquísimo bajaba. Era un tacaño cuenta gotas que parecía mofarse de lo poco que ofrecía. Y no había caso, el pelado no podía superar al petiso. Seguía acercándose pero no llegaba. Y ya había pasado el 50% de las mesas escrutadas. Ahí fue que me descompuse y tuve que ir al baño, la comida del mediodía se había revolucionado en mi sistema digestivo, que es lo que frecuentemente me sucede cuando algo me lastima psíquica y emocionalmente, junto con la baja de defensas.

Así que completita. Hoy amanecería engripado, con gastritis, y con un gobernador electo que no sabe ni atarse los cordones pero que, disfrazado de la mujer más ordinaria del mundo, cuenta unos chistes fenómenos sobre culos, viagra y minas infieles que son agarradas por sorpresa por sus maridos con un amante escondido desnudo en el placard ¿qué más le podría pedir a la vida?

Así que no vi más nada, me metí en la cama y terminé de ver esa estupidez que estaba viendo y no me podía dormir, para colmo pasaban autos tocando bocina dándome inusitado terror. Sin dudas había ganado el petiso. Y yo no iba a ir a corroborarlo. Pero tenía insomnio por lo nervios, así que me puse otra película. Y por la mitad me dormí.

Y hoy a la mañana, lo primero que hice fue prender la notebook y entrar en La Capital de una vez por todas y ver el desenlace de la votación para intendente y gobernador de Santa Fe y ganó el pelado nomás, desplazando al petiso a un temible y ridículamente cercano segundo puesto:



Porque una cosa es salir segundo con una diferencia de 10 o 15 puntos como suponía mi amigo a la ida cuando íbamos a almorzar, y otra muy distinta es haber ganado de pedo, raspando, asomando la cabeza y estirando el cuello al punto máximo antes de autodesnucarse. Y así fue que ganó el pelado. De pedo. Raspando. Asomando la cabeza y estirando el cuello al punto máximo antes de autodesnucarse.

Y no lo pude creer. Porque usted puede estar de acuerdo o no con este socialismo que hace más de dos décadas gobierna la ciudad. Puede advertir, y le daré la razón, que este último tiempo el tachuela hizo la plancha y que merecían el tirón de orejas. Sí, de acuerdo.

Pero no puede salir segundo pisándole los talones Miguel Torres del Sel, integrante de las filas del Pro y cómico travestido de baja estofa con menos talento que un tapir. No puede. No existe.

Cuando las elecciones pasadas leí que había sacado 235.000 votos me enojé muchísimo, me puse iracundo (con C). No lo podía concebir. ¿Cómo aceptar la triste realidad de que en la provincia en la que vivo hay un montón de gente que no piensa o que las experiencias adquiridas hasta la fecha se las pasan por las pelotas?

Sacar esa cantidad descomunal de votos (612.208, esta vez) no es fácil, y no es sólo un sector de la sociedad. No se puede culpar de esto a los electores postergados y sin educación básica, que son las víctimas que siempre votan desesperados y mal por las mentiras que estos deleznables seres les prometen con cara de piedra ("No va a quedar ni un solo negrito con hambre" - Miguel Torres del Sel). 612.208 votos están en todas las clases sociales. Y me sonaba raro no conocer a nadie que vote por el petiso. Todo estaba polarizado entre Bigote y Pelado. No conocí a nadie que me diga en la cara que votaría por Petiso Infecto.

Entonces, si hubo un gran porcentaje de votantes que no eligió a Pelado por castigo, por haber hecho la plancha en el último tiempo, hubiera preferido mil veces ver una pelea acérrima entre él y Bigote, mire lo que le digo. Es más, hubiera preferido que pierda a manos de Bigote a que Petiso tenga peligrosas chances de gobernar mi provincia. Porque hay maneras y maneras de dar un voto castigo. Yo cuando estoy embroncado voto a la izquierda unida, por lo menos les doy una mano y son tipos correctos que la vienen luchando desde hace siglos. Estar enojado con Pelado o con Bigote y por eso ir y votar a Petiso es de infradotado y subnormal. Es lo mismo que cagarse en todo, que cagarse en uno mismo. Es lo mismo que haber estado en otro planeta y no haber sido testigo cuando el turco gobernó. Y no tener nadie que te lo cuente. O peor, y esto es lo que más me asusta: es ser conciente que Del Sel trae atado el pasado menemista y que no te importe un carajo.

Y discrepo con Fito Paez, con quien no tengo ni siquiera el mismo gusto musical y me parece un poco inocente su exclamación: “Me da asco la mitad de Buenos Aires”. Si te da asco, volvete a Rosario, ¿qué fuiste a hacer allá? ¿No sabías que el porteño de ley es de derecha, Fito Paez?

El episodio de ayer con los porcentajes obtenidos por los 3 postulantes más populares no me da asco, me da pena.

Me da pena el 35.17% de los santafecinos.

Me da pena que no hayamos entendido nada.

Me da pena haber dado por descontado que los argentinos ya habíamos tenido suficiente y que no caeríamos más en la trampa.

Pero por sobre todas estas cosas, me da mucha pena y terror saber no solo que esto no es así, sino que incluso faltan siglos para que lo entendamos.