viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidad llegó




Bueno, termina el 2015. Parece que fue ayer que recién empezaba y acá estamos, a días de su indeclinable muerte por contrato.

Es un fin de año raro, distinto, un fin de año que marca el fin de una era. Para muchos, la era ganada, para otros muchos, la perdida.

Como nunca en toda la historia de mi existencia he experimentado semejante división entre mis amigos y conocidos. En la época en que JuanDomingo Perón fue recibido en Ezeiza con tanta pero tanta euforia que terminaron cagándose a tiros en la disputa por el abrazo faltaban 5 días para que cumpliera un año de vida, así que por supuesto no me acuerdo. Lo viví pero no lo viví. Jamás en toda mi vida -y ya soy un boludo importante- habría imaginado antes de la era K que pelearía con un amigo hasta la muerte de dicha amistad por política. Nunca, ni siquiera ahogado en una cruenta e irremontable borrachera hubiese avistado que llegaría el día en que no podría volver a hablar de política con Diego, con quien pasé casi toda mi vida construyendo una insuperable amistad siendo testigos de anécdotas que darían para escribir un libro desopilante y sin dudas Best Seller. Jamás hubiese contemplado como plausible que mi fuerte amistad con Cecilia, con quien me pasé un par de años hablando de todo sin filtro alguno tendría fecha de vencimiento aquel fatídico día en que osara expresar, inocente, mi primera crítica hacia el gobierno que este año termina sus tres mandatos consecutivos. Son solo dos ejemplos y tengo varias docenas de ellos. Nunca hubiese imaginado que pasaría lo que pasó entre todos nosotros. Nunca sospeché que aquella confrontación de los setentas, lejos de quedar en el pasado pisado seguía latente y más viva que nunca.

Y me asusta, porque entonces significa que todos los años anteriores a la era K, los años en donde disfrutamos la juventud de una democracia que ya no nos abandonaría, habíamos sido muy hipócritas y deshonestos en nuestro trato. Es improbable que Néstor y Cristina, tributando a Plankton en la película de Bob Esponja, hubiesen engatusado a la población entregándole esos horribles baldes de sombrero con la compra de una cangre burguer para luego activar un dispositivo que los convirtiera en sumisos zombies que cumplirían sin peros sus perversidades al cansino y reiterativo grito de “Larga Vida a Plankton…, Larga Vida a Plankton…” -. No. Lo que aquí ocurrió fue que millones de argentinos que tenían la garganta inflamada de tanto esperar y contener sus reclamos (y lo tenían muy pero muy bien guardado) finalmente se vieron identificados con un gobierno demasiado postergado por la historia reciente nacional y se embarcaron en un sueño que ya creían inalcanzable aunque de pronto insospechadamente cierto y tangible.

Y mientras en estos doce años esa mitad argentina disfrutó del gobierno que siempre anheló y le fue esquivo, hubo otra mitad silenciada que esperó con paciencia que terminara de una vez su flagelo personal para dar ahora rienda suelta a su boca y a sus deseos revanchistas.

Con mucho edulcorante e insipidez podríamos hacer un espejo e ir hacia atrás, hacia la época en que se proscribió a Perón, o al patético día en que volviera a pisar suelo argentino con ese pelado inútil levantando un fusil mientras debajo suyo se re cagaban a balazos en plena estampida humana.

Los argentinos no cambiamos más.

La década del 70 germinó una violenta y espantosa grieta que nada tiene que ver con la grieta lánguida actual sin calorías y “vía Facebook” y terminó como todos sabemos, con más de 30mil muertos y una herida al país que jamás se curará. Luego vino Alfonsín –grande entre grandes- y después Menem. En aquella década ganada (pongamos ambos segmentos en un ring: tres gobiernos constitucionales contra tres gobiernos constitucionales, son años ganados les guste o no) no se hablaba de política ni se peleaba para siempre por discrepancias ideológicas. En el gobierno de Alfonsín éramos chicos y hablar de política era algo así como jugar con un encendedor acuclillado en medio de una fábrica de pirotecnia. Estaba cuasi prohibido hacerlo, siempre recuerdo el rechazo que produjo en mi padre el día en que me aparecí con 12 años y muy contento con mi caset de Piero “Para el pueblo lo que es del pueblo” recién comprado en Tal Cual. Ojo, no soy el mejor ejemplo, mi padre deja bastante que desear en cuanto a “compromiso político” y a “lógica ideológica”, pero a pesar de mi familia desconectada de esas cuestiones tampoco viví en un país de fantasía ni había un complot masivo y nacional por mantenerme alejado de realidades invisibles a mis ojos. De política no se hablaba. Uno no hablaba de política con sus amigos. Y en la época de Menem tampoco se habló de política. Y recuerdo, porque ya era adulto, que las barbaridades a las que nos exponía la presidencia del Carlo eran vistas POR TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS como sonseras de un turco picaflor que se creía Alain Delon y era más vivo que todos nosotros. Una sola vez en todo el primer gobierno de Menem escuché a un amigo decir: “éste nos funde a todos”. Me lo encontré en la calle ni bien Menem ganó las elecciones, e intentando debatir sobre el nuevo y flamante gobierno me dijo “La gente no tiene idea lo que votó, éste es un hijo de puta. Éste nos funde a todos”. Jorge G. –sic, 1989-, gran visionario.

Y Menem nos fundió a todos, como bien vaticinó mi amigo, pero primero nos engatusó regalándonos 5 años de vacas recontra gordas en donde, juro por mis hijas, no recuerdo jamás haber escuchado a nadie quejarse ni una maldita puta vez. Y también juro que cuando las fábricas empezaron a cerrar, tampoco recuerdo a nadie haber levantado el dedo señalando las injusticias que comenzaban a inundarnos. Claro, teníamos el agua al cuello y debíamos utilizar ambos brazos para mantenernos a flote, levantar un dedo acusador en ese momento nos hundiría irremediablemente en el fango –debe haber sido por eso...-.

En el diario de hoy me desayuné –odio el futbol, me da asco- que hay un periodista deportivo llamado Javier Vicente a quien colgaron el mote de “relator militante” (un cerrado K sin antídoto alguno) que aseguró que el gobierno de Macri es la nueva dictadura, y que falta poco para que vuelvan los campos de concentración y los vuelos de la muerte. Y ni bien Macri asumió el poder alguien compró un aerosol negro y se fue de madrugada al colegio San José a tachar los nombres de los desaparecidos de Videla estampando de tanto en tanto la palabra “¡Zurdos!”. Y volví a escuchar comentarios callejeros, primero muy murmurados y ahora casi como moneda corriente: “A estos negros hay que matarlos a todos”.

Y la verdad es que no puedo comprender qué necesitamos para aprender lecciones, pero esta última semana me vino como una luz, como una epifanía, una certeza despiadada que me dejó mudo e incapacitado de poder seguir opinando sobre todo lo que los diarios me chantaban en la jeta y sobre todo lo que leía sin parar en los muros amigos K y D: No vamos a aprender nunca más. No importa lo que nos ocurra. Seguiremos revolviendo el balde de mierda por siglos. Porque somos Montoneros. Porque somos Gorilas. Y tengo 43 años, y sé que no voy a ver el cambio. Incluso creo que tampoco lo verán mis hijas.

El cambio vendrá. Estoy convencido de ello. A la noche me acuesto e imagino nietos que aún no existen viviendo en un país sin Montoneros ni Gorilas. Sin venganzas y con justicia para todos y por un instante y casi adormecido, me siento John Lennon…

Y eso es todo lo que puedo decirles en este fin de año:

No le pidan peras al olmo. Nuestra generación está condenada al fracaso como sociedad que aprende lecciones y madura. Y entiendo que la generación que viene también. Somos nosotros y nuestras actitudes y peleas quienes los estamos educando.

Les mando un beso grande en la frente, los quiero mucho a todos. Deseo más que nada en este mundo que se pasen los más lindos festejos de fin de año y ansío, naif como doceañero virgo y lleno de pornocos, que Macri vuelva sobre sus pasos y no bien terminen las fiestas y se le pase la resaca agarre y ponga manos a la obra con aquello que prometió el día que puso el culo en el sillón frente al Congreso:

a) Pobreza cero
b) Acabar con el narcotráfico
c) Terminar con la confrontación

Todo lo que está pasando estos días no tiene puta que ver con eso. Es más, va en dirección opuesta al último ítem.

Feliz navidad para todos, feliz años nuevo.

Juan Pablo Scaiola