sábado, 28 de abril de 2012

El vicepresidente rockero

Hay un tema del que aun no quería hablar, ya que la justicia continúa “investigando” y prefería esperar a que ésta se expida, que sería lo más correcto, pero ya no puedo evitarlo. Sobre todo ahora, que estamos a full con otro tema bien popular (YPF) que le aseguro que no será, como pasa siempre en este país, lo que usted supone, pero que no debe opacar o cajonear el otro asunto (Boudou), porque me tiene bastante preocupado. Aunque no sé si “preocupado” es la palabra exacta que describe mi condición. Indignado me gusta más, aunque tampoco representa lo que verdaderamente siento desde hace unos meses con el tema. Encolerizado también iría, porque siento eso, me siento encolerizado. O, para ponerlo justo en donde realmente debería estar, tengo una “encolerizada e indignante preocupación” que no me puedo sacar de la cabeza, porque hace ya un par de meses que estamos con esto de que si Boudou es amigo íntimo desde su primera niñez con Alejandro Vandenbroele y que por eso lo nombró testaferro suyo para que haga y deshaga a su gusto en la célebre compañía fundida a propósito y rescatada por dos mangos llamada “Ciccone Calcográfica” para el espléndido negocio del que nos hicieron esclavos, que era el de renovar el DNI. Y para imprimir billetes de cien pesos a lo pavote sin la obligatoria frase que asegure que no debemos preocuparnos ya que estos, los billetes, son “convertibles de curso legal” (en este momento tengo 1000 mangos en la billetera, de los 10 billetes solo 1 dice eso, los otros valen lo mismo que los Patacones o los Lecop, créame).


Y le pegan a Amado, y le pegan a Alejandro, y los investigan, y no encuentran la puta foto de Amadito y Alejandrito, abrazados y carasucias en algún campamento de colonia de vacaciones en la hipotética época en que lo único que los unía era una fuerte e inquebrantable amistad, requisito indispensable que se necesita para ser testaferro de alguien.


Y siempre pensé en ponerme en el lugar de Amado e imaginarme corrupto y ¿a quién pondría de testaferro en caso de necesitar que alguien ponga la cara por mí? (siempre considerando que soy un corrupto hijo de mi madre que me importa un carajo “el modelo” y soy un caradura importante, sepan que si algún día me tocare ser vicepresidente de la Nación no imagino tener tiempo para buscar matufias que me favorezcan sino que estaría las veinticuatro horas desviviéndome por mi pueblo, pero pongamos que uno fuera un hijo de puta que no le importare un carajo de nada y que quisiere aprovechar ese momento mágico que le tocó de rebote para acaparar todo el dinero posible). Y tengo dos amigos a los que pondría de testaferros, y solo dos: Germán y Diego.


Tanto Germán, como Diego o como yo, tenemos montones de fotos que nos comprometen del pasado, montones. Y si nos pusiéramos de acuerdo y quemáramos todas esas fotos tampoco estaríamos a salvo, ya que debe haber al menos veinte amigos en común que deben tener fotos nuestras de cumpleaños o de jodas o de peñas o de asados. Porque uno no anda desde los 15 años evitando sacarse fotos con sus mejores dos amigos por las dudas que en el futuro le toque ser vicepresidente de la Nación y quiera entongarse y robar plata para hacer dulce sin ser descubierto. En ese aspecto es imposible. Si al día de la fecha no apareció la foto de Boudou abrazado con Vandenbroele con una corbata anudada en la frente y completamente borrachos es porque Vandenbroele y Boudou no se conocen de chicos. Punto final a ese tema, por favor lo pido.



Porque hay otras cuestiones que debo señalar en este editorial en donde por fin voy a hablar sin tapujos de nuestro incómodo vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, nacido en el ’63, como Rodolfo Páez, que se fue a vivir desde muy chiquito a Mar del Plata e intentó estudiar ingeniería mecánica pero luego de 2 años desistió y se mandó de lleno a Ciencias Económicas, donde se recibió con un promedio de 8,19 para salir de la facultad mientras mechaba su actividad “política” con la “empresarial” ya que, como todo hijo de este bendito país, tuvo que enfrentarse al terrible flagelo que poseemos los argentinos, que debemos laburar para poder comer. Así que del 95 al 98 trabajó en la empresa Ecoplata, dedicada a la higiene urbana (recolectora de residuos, ¿vio que importante es tener una recolectora de residuos? Todo aquel que haya trabajado en una empresa de esas terminó siendo: o un político de gran influencia o un sindicalista del carajo o un empresario muy exitoso. La próxima vez me voy a comprar un camión recolector de residuos), que quebró cuando el municipio de Mar del Plata rescindió el contrato dejándolo en Pampa y la vía por lo que decidió ingresar ese mismo año como analista en el Anses donde conoció a Sergio Massa, quien lo designó “gerente de área” comenzando así su carrera pública en serio hasta que en 2008 Cristina lo nombra “titular del organismo” donde tiempo después participa del beneficioso proyecto de re estatización de los fondos previsionales del pueblo y todos quedamos tan pero tan contentos que lo aplaudimos con vehemencia.


Ahora bien, ya en su rol de Ministro de Economía comenzó a caer medio raro en el pueblo, aceptémoslo. No gustaba del todo Amado Boudou, como que le quedaba grande aquel puesto. Y nombrarlo vicepresidente de la Nación fue lo más desacertado que vi en mi vida, habiendo tantas otras opciones (La Mole Moli es una opción, por poner un ejemplo que supera la elección de la presidentA).
Y como Magnetto y compañía ya no saben qué hacer en esos lastimeros manotazos de ahogado que están dando desde hace un par de años, recibieron con gran beneplácito la noticia de que iban a poder disfrutar por mucho tiempo de un vicepresidente contradictorio y falto de presencia, personalidad y peso como hacía mucho no veían.

Y ¿la verdad? Me tiene cansado el tema de Vandenbroele, Boudou y su amistad oculta o su testaferrísmo indesarticulable. Hay una cuestión de la que nadie habla, que no se hace fuerte mención. Que se dice, sí, pero por arriba y sin darle la verdadera importancia que se le debería dar mientras insisten como poseídos en buscar la foto de los tortolitos abrazados en su juventud o ofrecer millonarias recompensas a quiénes aporten la puta foto.


Hay otro asunto, más plausible, más verificable, más al alcance de la mano en donde nadie se quiere meter, que es el tema taboo del patrimonio personal de Amado Boudou, del que me hice de una copia de su declaración jurada de bienes, donde dice, por ejemplo, que Amado trabaja 84 horas semanales (esto promedia unas 14 diarias incluyendo los sábados), que como máximo nivel de estudios cursados tiene un “Master en Economía”, que entre sus bienes “muebles” posee una "Harley Davison" (sin “d”) de 2007 que vale $72.000, una KTM 990 de 2010 que vale $110.000, un Audi Quattro 2008 valuado en $155.000 y un Honda Civic 92 que, según su declaración jurada, cuesta $17.000 y se gana el premio al “Verdadero Vehículo que le Correspondería Poseer a Amado Boudou por su condición de Empleado Público” de todos los arriba mencionados.


También declara, y esto es raro, un solo inmueble de 90 metros cuadrados de su propiedad (quizás sea porque tiene otros pero aún no terminó de pagarlos y por eso no figuran como bienes ya adquiridos) sito en Puerto Madero aunque no aclara la locación exacta, adquirido a un valor de $670.000 que lo tiene alquilado a un Sr. Carosso Donatiello por $10.000.

Que es socio en 2 empresas en donde en una, por ejemplo, aportó $6.000 y en 2010 obtuvo dividendos por $190.000.

Que en el banco tiene $14.000 más $25.000 en efectivo (no sé qué significa eso) y U$S 145.000 también en efectivo (yo lo pondría en el banco, tanta plata en efectivo es un peligro).

Que le debe $290.000 al Banco Nación por un crédito hipotecario, que le debe $40.000 al Banco Francés por un crédito común y que debe 12 lucas de tarjeta de crédito.

Tan difícil no fue, solicité la declaración jurada y me la dieron, en dos o tres días. Las empleadas de la Oficina Anticorrupción estaban escuchando Bob Marley cuando la fui a buscar.

Y de inmediato y al leer una sola vez las 4 carillas de la "DJ" de Amado me pregunté cómo hizo para tener el patrimonio personal que ostenta si vivía en Mar del Plata en el departamentito de su madre a tener 50 años recién cumplidos y ser el dueño de un par de departamentos súper costosos en la zona más cara de Puerto Madero, donde alquila uno y vive en el otro, más la Harley Davidson, la TKM, el Audi Quattro, el tema de su colección de guitarras y el tema del jacuzzi que se hizo instalar en su oficina en Casa Rosada.


Y convengamos que eso de “revolucionario” no tiene nada. Amado Boudou es el ser menos revolucionario del mundo. Amado Boudou está viviendo en un status completamente distinto al que conocía y no tiene ninguna posibilidad de demostrar cómo consiguió tanto éxito económico en tan poco tiempo, porque su época de empresario nunca existió y porque hace muchos años que trabaja como empleado público, imposibilitado de generar ganancias en el ámbito privado. Amado Boudou no puede explicar por qué motivo Nuñez Carmona, su verdadero amigo de la infancia, tiene la plata que tiene viniendo de ningún lado. Amado Boudou no puede demostrar nada de lo que ocurre a su alrededor.


Entonces me pregunto,

¿Por qué Clarín y La Nación insisten con buscar una foto de Boudou y Vandenbroele?

¿Por qué Clarín y La Nación no buscan por el lado de su “enriquecimiento propulsado a chorro” de los últimos 10 o 15 años?

¿Por qué Amado Boudou salió al día siguiente en que encontraron, como si se tratara de un precioso tesoro oculto, que Vandenbroele le había pagado las expensas de su departamento de lujo de Puerto Madero, a señalar que Magnetto era un ser vil, enumerado todas sus matufias, cuando en realidad debería haber explicado por qué ese señor que él no conoce le pagó los gastos centrales?

¿Por qué nadie le pregunta a Amado cómo hizo para comprar todo lo que tiene siendo un empleado del Anses primero, un ministro de economía después y un Vicepresidente de la Nación más tarde?

¿Por qué nadie dijo nada de eso?

¿Por qué Boudou puede salir de la conferencia de prensa donde no dijo nada y seguir siendo vicepresidente sin que nadie haga nada?

¿Por qué no renuncia de una vez? En otras épocas los políticos de raza se suicidaban ante la mínima suposición de que faltó a sus deberes como gobernante. Se pegaban un tiro en el pecho.


No me gusta Amado Boudou, me cae muy mal. Me molesta mucho su presencia en el poder, no lo tolero. No me explico cómo hizo para conseguir esa fortuna que amasó en los últimos años. Yo me la paso trabajando como un imbécil y no solo no crezco sino que todos los años tengo un poco menos. Y guay de pretender cambiar el auto, ese año en que uno compró un nuevo automotor, así sea como en mi caso, de menos de 70.000 pesos, o sea, el segmento más bajo de todos, a fin de año deberé pagar ganancias por haberlo adquirido, porque si me puedo comprar un corsita 0 kilómetro significa que gané dinero y debo pagar impuestos por eso.

¿Cuánto dinero habrá pagado Amado Boudou de ganancias aquel año en que se compró esos departamentos de más de seiscientos mil dólares cada uno?

¿Habrá pagado ganancias?

¿Nadie le va a preguntar eso?

Amado Boudou me da mucha bronca.

Amado Boudou me indigna.

Amado Boudou me preocupa.

Amado Boudou debería renunciar.

lunes, 2 de abril de 2012

Islas Malvinas 1982 - 2012

Hace 30 años, el 2 de abril de 1982, yo tenía 9. Era un pendejito que no entendía nada de la vida y lo único que sí sabía era que ese viejo borracho que gritaba desde el balcón presidencial ante una frondosa multitud era un hijo de puta, al menos eso lo tenía claro. Y lo otro que también tenía claro era que hacía muchos años los ingleses nos habían robado unas islas que estaban bien en el sur en donde hacía un frío de cagarse y el viento te dejaba pelado y que ahora por algún motivo esotérico nos encomendábamos a recuperarlas, cueste lo que cueste.
Y ¿la verdad?, yo estaba orgulloso de mi país, al fin una buena. Al fin le íbamos a mostrar a esos piratas hijos de puta quién mandaba por estos lados del océano atlántico, y si “el principito” no lo entendía, que se venga que le presentaremos batalla. ¡Cómo me gustó esa frase! Me hizo llorar, “que se venga, que le presentaremos batalla”, qué mierda… Ya iba a ver, ese principito pirata con quién se había metido. Era un sueño hecho realidad. Al fin le íbamos a demostrar a esos ingleses forajidos cuántos pares eran 3 botas.
Fue un momento raro, inundado de las más motivadoras sensaciones que puede sentir el cuerpo humano: Amor propio, orgullo, coraje, deber, patriotismo y, sobre todo, la necesidad de reventar de ira de una vez por todas. Yo no sentí esa sensación ya que era un niño y no sabía tan claramente lo que estaba pasando en el país, pero se me ocurre que el adulto de a pie de aquel momento debe haberse aferrado a eso como es costumbre en nuestra idiosincrasia argentina: cargando contra algún chivo expiatorio para tapar otras cuestiones y así seguir adelante.
Y ahí fuimos todos a las plazas, a apoyar al viejo borracho en su loca intentona por recuperar las islas y a colaborar con dinero, joyas, ropa, comida y mantas para abrigar, alimentar y solventar económicamente, de la mano de Pinky y Cacho Fontana, la campaña de nuestros amados jóvenes compatriotas que se fueron a las islas a luchar contra el viento, el frío y los piratas usurpadores mientras nuestros piratas militares de alto rango se quedaban con todas las cosas que inocentemente el pueblo donaba para que los soldados enfrenten una guerra más digna (...)
Y mientras la guerra sucedía, las revistas “Gente”, “La Semana” y “Siete Días” nos tenían al tanto del “score” bélico, con eufóricos letreros que pregonaban “Estamos Ganando” junto con los optimistas reportes de Nicolás Kaszanzew, que siempre traía buenas noticias del sur.
Y la guerra terminó y los ingleses nos ganaron y pasaron treinta años en donde, haciendo uso despiadado de nuestra implacable argentinidad al palo, metimos debajo de la alfombra a los soldados que volvieron vivos, a los que murieron en las islas y a los que se fueron suicidando superando con creces el número de víctimas en combate por no haber podido soportar vivir aquella experiencia aterradora sumada a la indiferencia del pueblo y a la falta de acción de los distintos gobiernos que sucedieron al viejo borracho que los mandó a pelear contra una de las potencias mundiales con unas camperitas viejas y unos fusiles del año del pedo.
Y aquí estamos hoy, intentando hacer valer nuestros derechos de soberanía por la única vía admisible, tratando con un ser que por estos días gobierna Inglaterra que no colabora en lo más mínimo con sus indignantes declaraciones cada vez que abre esa maldita boca que tiene, que hace que uno tenga ganas de estar en una habitación a solas con él y que haya una suerte de “pido gancho legal” para recontra recagarlo bien a trompadas. Porque es un irrespetuoso, porque es más pirata que ningún otro, porque vive alentando entrar en conflicto bélico, porque nos señala a nosotros como usurpadores, porque es altanero hasta el ridículo y porque es inglés y está defendiendo un imbécil derecho a la autodeterminación, aferrándose a eso con ambos brazos mientras el resto del mundo, como siempre, hace la vista gorda.
Y siempre me pregunté para qué sirve la ONU, siempre, de chico. Porque ¿qué hacen ahí dentro? ¿Para qué pagan los sueldos de los empleados de esa Organización de Naciones Unidas? Porque no sirve para nada, bah, quizás sirva para algo, aunque no sé para qué. Yo creo que no. En primer lugar, que el edificio de la ONU esté en New York no da mucha seguridad a los países con menos recursos a sentirse protegidos. Y siempre, desde que tengo uso de razón, los dictámenes que emanaron de ese edificio fueron por demás de hipócritas, porque si todos saben que Inglaterra está invadiendo las Islas Malvinas y todos están de acuerdo a que esto es así, la ONU debería, haciendo uso de su poder como “consorcista mundial”, obligar a Inglaterra a: abandonar su soberanía de Malvinas y aceptar a la Argentina como única soberana, pagar una multa monumental por el tiempo en que usurpó el archipiélago, y soportar un sin número de penitencias mundiales y globalizadas en caso de no aceptar la realidad, no sirve de nada que la ONU le sugiera a David Cameron que debe “acceder a entablar el diálogo” con Argentina referido a la soberanía de las islas, porque la labor de la ONU debería ser la arriba planteada y no otra, de lo contrario, no solo no sirve para nada, sino que también deberían utilizar ese edificio para otras cosas, vendérselo a alguna corporación que instale ahí dentro sus oficinas y listo, dejarse de joder con eso de que los países están protegidos gracias a que la ONU existe y sirve de intermediario o de moderador o de árbitro en tal o cual disputa, porque no suma ni resta.
Pero esto no va a ocurrir jamás, porque la ONU está enclavada en New York y porque es una pantalla idiota que solo sirve para “hacer ver” que los pueblos están protegidos o que las leyes se hacen valer. Y David Cameron seguirá ocupando nuestras islas porque nadie levanta el dedo y le dice que está equivocado cuando advierte, completamente sacado y a los gritos como si se tratara de un energúmeno hooligan que “La Argentina es la que tiene intereses colonialistas sobre las islas”. ¿En qué cabeza cabe decir semejante barbaridad, Cameron? ¿Qué busca haciendo ese tipo de comentarios? ¿Usted supone que nosotros vamos a pisar ese palito imbécil? ¿Usted realmente cree que nosotros tomamos whisky mientras decidimos el provenir de nuestro pueblo como el borracho que nos mandó a la guerra en el 82?
Las islas Malvinas son argentinas, al igual que el mar que las rodea. Usted no tiene nada que hacer ocupándolas y debe al menos llamarse a silencio y hacerse el pelotudo, porque indigna, porque es un energúmeno, porque es un irrespetuoso y porque tiene en sus espaldas siglos de saqueo en donde se consolidaron como lo que son: un grupo de piratas que van de aquí para allá robándolo y usurpándolo todo.
Cuando el ser humano no tiene razón, grita, Cameron. Y acá el que está gritando es usted.
Espero con ansias que este 30 aniversario de la guerra de Malvinas sirva para que cada uno de nosotros abrace a un excombatiente y le transfiera en ese abrazo todo el amor que estos hombres hace 30 años necesitan sentir de nuestra parte, porque son nuestra vida, porque salieron a defender el patio sin peros y porque los abandonamos a su suerte.
Cambiemos esto de una vez por todas y aceptemos que todos metimos la gamba, porque de lo contario seguiremos ninguneando excombatientes en lugar de aplaudirlos con los mocos por el piso de la emoción, que es lo que debería ocurrirnos cada vez que veamos pasar uno de ellos frente a nuestras narices.
Ojalá que no muera un soldado más de depresión.
Ojalá que nuestros gobiernos no sientan nunca la necesidad de contestar agravios pelotudos.
Ojalá algún día la ONU sirva para algo.
Ojalá que algún día David Cameron y sus secuaces paguen sus deudas con el mundo entero, que tienen muchas.
Ojalá que este mundo cambie, de una vez por todas.