martes, 6 de septiembre de 2011

El reino de la pelotudez



Pregunta larga:

¿Vieron el tema ese de que Mauricio Macri le hizo una manganeta a Filmus mandando un mensaje por un telecentro a miles de ciudadanos señalando que el papá de Filmus era socio de Schocklender haciendo entonces que Filmus pierda posibles votantes por haber sido difamado en su buen honor unas semanas antes de la elección en donde finalmente perdió?

Bueno, Filmus le está haciendo juicio a Macri por esto. Parece ser que Macri no tiene manera de despegarse del tema y está medio hasta las manos, aunque esto tampoco me queda claro porque el que lo dice es Víctor Hugo, ser que últimamente es imposible tomar en serio por la manera obscena en que se pone del lado del gobierno y que tanta gracia me da y que por eso lo escucho con atención todas las mañanas.

Pero el tema es así, aparentemente una empresa contratada por el gobierno de la ciudad (Macri, Mauricio Ernesto) le pagó a Telefónica no sé cuántos millones de pesos para que, durante el transcurso de un mes, una computadora llame al tún tún a la ciudadanía porteña toda para informar sobre la oscura y secreta sociedad que el padre de Filmus tendría con Sergio Schocklender. Y parece que esto es mentira, ya que el padre de Filmus sería más bueno que Lassie atada y que no habría manera de vincularlos.

Y Filmus no tiene ninguna mancha en su haber. Y viniendo de parte de Macri sería lo más lógico del mundo que otra vez haya metido la gamba hasta la ingle, si es lo que mejor le sale.



Bueno, una semana antes de la elección en donde finalmente ganó por choreo Macri en la “ciudad de pobres derechistas”, (Sí, lo sé, es data vieja, pero es bueno que estas cosas nos las planteemos por más viejas que sean) Víctor Hugo entrevistó por este tema a un colaborador de Filmus para que lo tenga al tanto de cómo marcha la querella que le presentaron al gobierno de la ciudad a favor del perjudicado candidato kirchnerista. Y el colaborador, presa de un severo ataque de espanto exagerado, enumeraba un sinfín de cosas que habían hecho a propósito tanto Duran Barba (publicista de la campaña del Pro) como Mauricio Macri y el brillante Rodríguez Larreta (nunca supe a quién es que reta este hombre). ¿Y a que no saben quién era el colaborador de Filmus que tan indignado, tan espantado y tan humillado se sentía por las ilegítimas maneras de complotar en campaña que Macri y sus secuaces habían utilizado en su favor?

Aníbal Ibarra.



El día que escuché hablar por primera vez a Aníbal Ibarra me di cuenta quién era en un santiamén. Aníbal Ibarra es un empleado público con todas las letras. Aníbal Ibarra es “el” empleado público. Si alguna vez viene algún extranjero y le pregunta cómo es, cómo se desenvuelve, qué lenguaje técnico-burocrático utiliza un empleado público de esos que nunca resuelven nada y que lo mandan a buscar otro formulario en lugar de solucionarle el problema, usted debe recomendarle que escuche a Aníbal Ibarra.

Aníbal Ibarra trabajó muchos años en el poder judicial, yendo de secretario a fiscal. Y de ahí entonces su manera tan crispante de hablar, que no dice nada, que se abraza a lenguajes absurdos que solo él y sus burócratas compañeros de trabajo del poder judicial entienden y utilizan.

Aníbal Ibarra fue concejal mucho tiempo, y ganó ese puesto hablando esas incongruencias que habla. Luego, electo “convencional constituyente”, fue el encargado junto con otros de reformar la constitución nacional. Sí, leyó bien. Aníbal Ibarra fue uno de los que reformó la constitución nacional en 1994, por eso hay cosas en la constitución que no se entienden… Y en 1997 fue nombrado por la revista TIME “joven sobresaliente hacia el siglo XXI”. Hágame acordar que nunca lea esa revista.

En el año 2000 convenció con su discurso inentendible a miles de porteños y fue electo “jefe de gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires”. Nunca entendí porque no le dicen “intendente” a ese cargo, que es más corto y dice lo mismo, debe ser porque son porteños.

En 2004, luego del incendio de Cromañón donde murieron 194 pibes por la inoperancia y el enquistado grado de corrupción de los inspectores municipales bajo su mando, Aníbal Ibarra fue presionado por el pueblo para que renuncie. Pero éste hizo oídos sordos, aparándose en cuestiones burocráticas que manifestaba en aquel lenguaje técnico que no se entiende, hasta que luego de un par de años fue, finalmente, destituido del cargo, cuando lo único que debería haber hecho si es que tenía dos dedos de frente o un poco de respeto por los ciudadanos que gobernó o ética, era renunciar de inmediato y ponerse a disposición de la justicia. Eso es lo que haría una persona de bien. Pero no, no hizo eso, por supuesto, no. Insistió. Que es lo que hacen los tipos como él, aferrarse a los cargos que consiguen sin importar ni la ética, ni el buen nombre, ni el honor, ni nada.

Y en 2007 volvió a las andadas políticas bajo el ala de Daniel Filmus y un tiempo más tarde, Malnatti lo entrevistó en la calle mientras un horda exagerada de lujuriosos ciudadanos demasiado conformes con sus diversas gestiones se acercaban a estrechar su mano, o a abrazarlo, o a pedirle un beso; hasta que el mismo Aníbal Ibarra pidió por teléfono celular y delante de la cara estupefacta de Malnatti que dejen de mandarle fanas truchos a saludarlo ya que se iba a descubrir la trampa e iba a quedar como un pelotudo. Y quedó como un pelotudo. Y se prendió fuego sólo, como el pelotudo que es.

Y debo reconocer que me alegré mucho aquel día que vi hasta el cansancio las imágenes en TV… Y me dije: vamos, carajo, uno menos. Pero fiel a su condición de inoperante catatónico crónico, no entendió ni que quedó como el culo ni que el mundo está lleno de gente que no lo puede soportar en un cargo público. E insistió, vehemente.

Y ahora sale, completamente horrorizado, a señalar a Mauricio Macri como un tránfuga que le meo el asado a Filmus.

¿No es genial?

¿No es genial que Aníbal Ibarra sea el estandarte de la lucha de Daniel Filmus por esclarecer ese deshonroso acto de cobardía que utilizó Macri para ventajearlo?

¿No es genial que Aníbal Ibarra continúe aferrado como sea a la política cuando debería haber quedado hace muchos años en el olvido?

¿No es genial que el kirchnerismo acepte en sus filas a tamaño inoperante?



Ojalá que Mauricio Ernesto Macri vaya preso si le entorpeció el camino hacia la victoria a Daniel Filmus.

Ojalá que Daniel Filmus se rodee de gente más seria para la próxima elección. Digo, así gana de una vez por todas.

Ojalá que Aníbal Ibarra se ponga una zapatería de barrio y no salga más por TV o por radio a hablar en ese idioma exasperante en el que habla. O que se cosa la boca con hilo sisal. O que se reconozca algún día, cuando se mire al espejo a la mañana y abdique. O que se vaya a vivir a otro país. O que se ponga una mercería. O que se haga monje tibetano. O que tenga un momento de lucidez, qué se yo.

Y otra vez, y vamos todos con las palmas:

Ojalá pase algo que me borre de pronto, una luz segadora, un disparo de nieve, ojalá por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre, en todos los segundos. En todas las visiones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario